lunes, 22 de junio de 2026
domingo, 21 de junio de 2026
viernes, 19 de junio de 2026
Una, dos, tres partículas que viajan y transforman la realidad, cada partícula individual habla un idioma propio que decodificamos sin darnos cuenta, nos afecta, siempre nos afecta. Todo nos afecta, el agua es una sustancia conductora de cargas eléctricas, se ioniza, el elemento agua se conmueve con la realidad. El agua no es la piedra, no es el aire, no es el fuego. En el agua se dieron las condiciones propicias para el nacimiento de la vida, en el agua estuvimos esperando nacer, nos duchamos todos los días para purificarnos y bebemos agua porque es el 70% de nuestro organismo, en donde transcurren casi todas las reacciones químicas, en medio acuoso. Podemos estar sin luz, sin gas, sin comida, pero no sin agua. Hace días se cortó el agua en mi departamento y fue una pesadilla. De tan omnipresente olvidamos su rol fundamental en nuestra vida. El agua se asocia con la música (por eso cantamos en la ducha) y con las emociones, en la medicina china con el invierno y con los riñones. Cuando tenemos miedo nos hacemos pis encima, el agua nos desborda, como cuando la tristeza nos inunda y lloramos. Y nos aliviamos. El agua hace un ciclo en la naturaleza, que estudiamos en la escuela, se evapora, y vuelve en forma de lluvia. El agua viaja desde las montañas hasta el mar llevada por los ríos y en los mares la luna la afecta, en las mareas, que trasladan las enormes masas de agua. En nuestro cuerpo, la luna también actúa sobre el agua que somos, sobre nuestras acuosas emociones. El agua hierve a veces adentro nuestro (simbólicamente) o se va secando, se va perdiendo, se va escurriendo cuando nos dejamos morir. Ser conscientes de la importancia del agua amplifica nuestra conciencia, se escurre entre nuestros dedos cuando queremos tomarla, nos sorprende en un aguacero intempestivo, se hace desear en las sequías, que combaten los chamanes hacedores de lluvias. El agua, de dónde vendrá, de qué secreto universo acuoso, poblado de seres como peces que la respiran sin problemas. El agua, el dador de electrones en la fotosíntesis, con la que regamos nuestras plantas cotidianamente, el agua que navegan los marinos, poblada de seres de todo tipo y color, contaminada por los que no la conocen ni aman su esencia. Agua sagrada, yo te bendigo porque me diste la vida.
Desde algún lugar oscuro, casi inaccesible, surge una idea. Cubierta de barro y algas emerge, misteriosa, como si estuviera encriptada en algún antiguo códice que tuviéramos que descifrar. Con más o menos dificultad, la enjuagamos y traducimos a un pensamiento, en principio tosco, en bruto, como un diamante sin pulir. Con esfuerzo, buscamos el modo de verbalizarlo, de comunicarlo, esquivando las mil y una barreras que tenemos construidas a la defensiva, de modo de no ofender a nadie, de ser amable, condescendiente, en fin, una persona razonable. Pero a veces desde la profunda oscuridad surgen presiones intolerables y uno a uno van cayendo los filtros. Hablamos, decimos. Y el mundo se estremece cuando de una vez por todas la traducción es correcta, refleja lo que somos y veníamos callando y hasta nos sorprende a nosotros mismos. El ejercicio de destrabar todas estas barreras es lo que hacemos con la terapia, con la escritura, con el diálogo sostenido con las personas adecuadas a lo largo del tiempo. Aprendemos a ser honestos con nosotros mismos y con los demás, de un modo inesperado, que cada día nos sorprende más. Es que callábamos porque no teníamos palabras y de a poco fueron apareciendo, como las luces de la mañana que desde entonces brilla un poco más.
El mundo está lleno de personas que saben quiénes son. Abogados, médicos, arquitectos, contadores y hasta futbolistas, todos parecen encajar en el lugar indicado. El manzano no quiere ser naranjo ni el limonero un laurel. Por lo menos aparentemente. Van por la vida seguros de sí mismos, con un nombre y un apellido, un número de documento, tal vez un pasaporte, una tarjeta de crédito y una licencia para conducir. ¿Para conducir qué? Un montón de vidas anónimas atadas a su destino implacablemente, como el perro a la correa, como si vivir no fuera un permanente vértigo, un preguntarse cada día (o por lo menos cada tanto), quién es uno y para qué está en la tierra durante este tiempo que nos toca. Mientras la pelota yira y yira en las canchas mundialistas, todavía quedan personas que miran al cielo buscando respuestas que cada tanto encuentran, siempre provisorias, desde el silencio de su corazón. Tal vez, algún día nos toque un penal a favor nuestro, que defina el partido.
jueves, 18 de junio de 2026
Cuando recién vine a vivir a Buenos Aires, veía desde el colectivo muchas casas muy lindas, que tenían en las ventanas unas hermosas cortinas blancas, bordadas. Esas cortinas eran para mí el símbolo de acceso a un mundo superior, al que yo no pertenecía, pero al que intuía oscuramente que algún día iba a llegar. Y mi preocupación era entonces: ¿sería capaz de adornar mis ventanas con esas cortinas blancas, tan primorosas? ¿Adónde las conseguiría? Pensaba una y otra vez que las madres les transmitían ese secreto a sus hijas, la forma de conseguir cortinas adecuadas para sus elegantes ventanas, como una característica de distinción.
Muchos años después sonrío cuando sigo viendo las blancas cortinas. Nunca llegué a pertenecer a ese mundo refinado y hoy en día estoy lejos de querer hacerlo. La vida nos va transformando en aquello que siempre fuimos y que no quisimos ver, no supimos ver, no pudimos ver. Mis ventanas tienen cortinas que se asoman a un mundo tan propio que no sabría definirlo, más que con intentos de dibujos y poemas. La miseria y la gloria me habitan, como a la mayoría de los humanos.
Creo que el que no se maravilla por la Ciencia es porque no se la explicaron bien. Ella es una buscadora incansable, una mano que intenta abrir el cielo, que construye escaleras con explicaciones para alcanzarlo. Fabrica andamios sobre los que hombres y mujeres caminamos.
He olvidado las tardes en las que resolvía Ecuaciones Matemáticas, ese mundo seguro en el que me podía refugiar. La Biología me habló del misterio de la Vida y la Muerte y le escapé a la Historia por no ver pelear a los hombres. La Química me desintegró como a un átomo y me dio conciencia del vacío que habitamos, poblado de partículas vibratorias.
Si se trata de explicar y explicar, para entender, lo primero que tenemos que entender es que nunca la Ciencia va a dejar de buscar y de intentar construir nuevo conocimiento con los recursos que tiene a mano. Los instrumentos son los que paradójicamente la limitan. Si tuviéramos un telescopio lo suficientemente poderoso podríamos acercanos a los orígenes de nuestra Historia Cósmica, quién sabe si algún día llegáramos a ver el Bing Bang. Pero mientras tanto, seguimos enfrentándonos al Amor, a la Muerte, al misterio de la flor que surge en medio del cemento y no sabemos de dónde viene, a la Fuerza que impulsa el germen de la semilla.
En mi caso, a través del camino del arte y la poesía, en un momento de mi vida, empecé a construir lentes, microscopios para mirar adentro mío y traer a la superficie visiones de los otros mundos que están en este. Machado, en sus poemas, como cantaba Serrat, decía que amaba los mundos sutiles, como pompas de jabón. Creo que estamos rodeados de mundos sutiles, que habitamos mundos sutiles, a los que nuestra querida y perseverante Ciencia aún no ha llegado. Sigue y sigue en sus intentos, mientras los poetas y los artistas, tratamos de cantarle al Amor y a la Belleza que esconde el Universo, en medio de sus misterios.
El solsticio de invierno en el Hemisferio Sur (y verano en el Hemisferio Norte) de 2026 será el domingo 21 de junio a las 05:24 (Hora Oficial Argentina). Este evento astronómico marca la noche más larga y el día con menos horas de luz del año para Argentina (fuente, Servicio de Hidrografía Naval).
Si bien el momento preciso es ese, todos estos días ya tienen la característica del solsticio. A algunos de nosotros/as nos envuelve esa modorra especial, ese querer volver a casa temprano, porque ya es de noche, o si es posible no salir, cocinar platos de invierno, sopas y guisos, encender velas como si su luz nos diera más calor para estas noches frías, a falta de poder encender un buen fuego para calentarnos y sentarnos alrededor a contar historias. Es un momento especial del año que llama a detenernos, a percibir lo qué sucede cuando la luz se aleja y se hace el silencio, cuando todo parece terminar y morir, o al menos dormir, como si ese dormir fuera una muerte transitoria de la que resucitaremos este domingo, unos segundos después del solsticio, festejando como los pueblos originarios el inicio de un nuevo año solar, lleno de promesas. Ninguna metáfora nos pinta tan bien la resurrección como el momento del solsticio, la esperanza de renacer desde la más profunda oscuridad. Como diría el Indio Solari: "cuando la noche es más oscura, se viene el día en tu corazón".
martes, 16 de junio de 2026
lunes, 15 de junio de 2026
Esa manía de andar con cuadernos y libretas para todos lados, anotando al pasar las imágenes y las ideas para que no se escapen. Ese buscar todo el tiempo lo que se esconde detrás de los trazos y los colores, de amontonarlos con un sentido desconocido que ellos revelan, como si tuvieran vida propia, voluntad, independencia. Esa obsesión por pintar una y otra vez lo mismo pero distinto, como si me diera una señal, una respuesta, algo de paz en la tormenta, una promesa, una advertencia, un abrazo de tinta que aleje el insomnio.
miércoles, 10 de junio de 2026
La luz que hiere, como si doliera el blanco, el símbolo de lo absoluto, la perfección que no alcanzamos. Siempre vuelve el negro con su extraña belleza, lo incorporamos y aparecen otros colores que brillan, iluminan. Y el blanco hace un nuevo intento, que a veces es fallido. No sé quién gana la batalla, la luz y la oscuridad juegan entre sí indefinidamente, inevitablemente.
martes, 9 de junio de 2026
Elaboramos relatos de nuestra vida. Nos contamos historias en donde alternativamente somos vencedores o perdedores, según el momento. Ni tan dioses ni tan demonios, ni tan príncipes ni tan mendigos, ni tan locos ni tan cuerdos, nuestras palabras se estrellan como las olas contra los murallones de la costa intentando en vano definirnos, una y otra vez.
Así como esperamos que la tinta se seque para seguir pintando, esperamos que leve el pan, que se seque la ropa que tendimos ayer, que crezca la planta que sembramos hace un tiempo. Esperamos sin saberlo, mientras las cosas suceden; imperceptiblemente aparece una nueva arruga, el polvo se acumula por los rincones y en los árboles se anticipa el otoño. Nos pasamos la vida esperando sin saberlo y mientras lo hacemos, suenan los últimos acordes de una canción.
lunes, 8 de junio de 2026
Cuando una vida concluye se completa una obra. Todo lo que ese ser hizo, dijo, creó, se clausura como una obra completa: sus gestos, sus palabras, sus silencios, sus pensamientos, su decir en cuerpo y alma, su forma de caminar, de cantar, de bailar, de amar. Su forma de conmover y de traspasar a los demás queda como una esencia que los que estamos de este lado siempre llevaremos y maduraremos con el tiempo. Su obra quedará viva en nosotros y seguirá transformándonos, se irá recreando cada vez que alguien reinterprete sus canciones y vibre de una forma personal e inexplicable con ellas. Una obra completa que nos seguirá completando y se seguirá actualizando.
(al Indio Solari, 1949-2026)
Hay obras que no van a ningún lado. Como esas situaciones de la vida en donde uno/a le agrega un color, una línea nueva, coloca otras capas de pintura, esa creación parece tener vida propia y rechaza nuestros esfuerzos por rescatarla. Es inútil. Llega un momento en el que tenemos que decir basta, asumir que se frustró y entonces clausurarla definitivamente.
miércoles, 3 de junio de 2026
Según una frase que leí alguna vez de Ricardo Piglia, el psicoanálisis es el arte de mantener a flote a gente que goza tratando de hundirse. El vértigo por el abismo nos atrae, nos hipnotiza, nos subyuga, como si quisiéramos volver a un pantano primordial en el que alguna vez vivimos, porque en algún recodo de nuestro inconsciente perdura la idea de que ahí pertenecemos y que no tenemos derecho a estar bien, ni siquiera digo a ser felices, sino a tener una cierta estabilidad que nos garantice períodos de una paz amable que nos permita desarrollarnos. Aunque ya haga mucho tiempo de que nuestra vida haya cambiado, en algunos días vuelve esa sensación oscura que nos dice que no tenemos derecho a estar bien, que ese ser un poco más luminoso en el que nos convertimos después de arduos trabajos, en realidad no existe y que somos poco menos que un insecto que nunca pudo ni podrá salir de su escondite, ese al que nunca llega el sol de la mañana.
martes, 2 de junio de 2026
Debería ser obligatorio, una vez a la semana al menos, no dormir y esperar el alba. Dejar que la sangre se despierte, soñar con todo lo que no podemos ser de día y hacer planes para cuando nos levantemos, hoy, mañana, la semana que viene. De noche todos los sueños parecen ser posibles, casi que pueden escucharse en el silencio y brillan como un árbol de navidad fuera de época para pedirnos que, de una vez por todas, saquemos un pasaje al otro lado del mundo y que mañana despertemos durmiendo en otra cama.
Debería ser obligatorio, una vez a la semana al menos, no dormir y esperar el alba.
lunes, 1 de junio de 2026
Trabajosamente, subo la escalera que lleva hasta el techo del mundo, llevando un banquito al hombro. Cuando llego, lo apoyo con cuidado en el piso y me subo despacio, para no caerme. Con el dedo voy señalando a un lado y al otro mientras hablo y explico cómo deben ser las cosas: esto por aquí y esto por allá; esto se puede y esto no; en aquél rincón un poco de orden y los del fondo se callan. Pero casi siempre, en algún momento, el banco tambalea, un hoyo se abre y caigo por un túnel hasta el centro del mundo. Me siento en el piso, agacho la cabeza y me juro a mí misma que no lo haré más.
Muy dentro nuestro, todos tenemos nuestra pequeña colección de monstruos. Algunos más, algunos menos, pero todos los tenemos, sin excepción. Comandados por el monstruo jefe, viven el monstruo que se cree superior a todos los demás, el monstruo que llora por todo lo que le toca vivir, el monstruo que con tal de que lo quieran le dice a todo que sí y sonríe, tratando de que lo acepten. También existe un monstruo que perdió la confianza en la vida y se quiere morir y un monstruo que vive a la pesca de los monstruos de los demás, les abre la puerta de la casa y los deja entrar, entonces todo se vuelve imposible. Hay uno de ellos que es el vigía, cuando hay peleas toca la campana y los manda a todos para adentro, para mantener el orden.
Seguramente hay muchos otros monstruos más que no conocemos, que salen muy de vez en cuando o no lo hacen nunca. Esos son los peores, porque en las noches de invierno suelen vagabundear adentro nuestro y no nos dejan dormir. Pero una vez, uno de ellos que se dejó ver un instante me dijo que son como niños que quedaron abandonados y que solo esperan que algún día los abracemos para volver a ser amigos. Nuestra casa es también la casa de nuestros monstruos y es mejor que los conozcamos porque, en el fondo, solo esperan que les demos un poco de cariño para volver a ser felices, aunque sea de a ratos, como suele ser la felicidad.
domingo, 31 de mayo de 2026
Hoy papá hubiera cumplido 90 años. Mientras cocinaba un buen estofado, como le hubiera gustado, sonaba de fondo una de sus canciones favoritas, de los 70, La chica de la boutique, que siempre lo hacía sonreír mientras daba unos tímidos pasitos de baile. Tal vez su esencia nos sobrevuele y desde algún lugar la escuche y lo siga haciendo alegrar como entonces. Ya sé que allí el tiempo no existe y que no se soplan las velitas, pero dejáme decirte, feliz cumpleaños pá.
jueves, 28 de mayo de 2026
Hay días que son para pintar o dibujar y hay días que son para escribir. Escribir me ordena, a veces hago cuadros, gráficos, cronogramas, completo agendas, y otras escribo sin parar, sin saber de dónde vienen esas palabras que nos permiten comunicarnos, expresar lo que sentimos y por qué no, escondernos también. Y a veces sin proponerlo aparece un texto que quiero guardar, ahí, en medio del camino entre la birome y el papel, respira su primer aliento. Y a veces lo acompaño a crecer, lo alimento y lo cuido, como a un pequeño hijo, que siga viviendo cuando yo no esté y le cuente a alguien, quien una vez fui.
No pinto flores. No pinto caballos. No pinto paisajes. Si aparecen siluetas es porque se colaron entre los trazos y pinceladas y vienen de quién sabe dónde, probablemente desde algún lugar oscuro de mi inconsciente, que ellas vienen a revelar.
Pinto, como leí por ahí, mis conmocionados estados internos. Más o menos regulados.
Hay días que son de líneas rectas o curvas, de puntillismos, de grafismos, de actitudes meditativas.
Hay días oscuros, como los de la tinta china y la carbonilla, a los que los pasteles de colores suavizan.
Y siempre vuelvo al acrílico, como a una agua conocida en la que me sumerjo para renacer.
Pintar, dibujar, es pensar en definitiva. Es pensar sin palabras, es ver lo que uno piensa en una imagen, en un gesto, es dejarse llevar por la emoción y tratar de volver al equilibrio. Es descargarse y mantener los límites. Es dar un salto al vacío, cuando no hay red, para descubrir de pronto que se puede volar, y no lo sabíamos.
Así como existen los maestros, existen también los anti-maestros. Todos necesitamos en los distintos procesos de desarrollo de nuestra vida, personas que nos inspiren, que crean en nosotros y que nos estimulen a dar como consecuencia lo mejor que tenemos. En definitiva, crecimos y crecemos junto a ellos, simplemente porque nos valoraron y nos dieron la libertad y la confianza para desarrollarnos. Desde nuestras maestras o profesores de la infancia y la adolescencia, nuestros jefes en nuestros diversos trabajos, nuestros maestros en las diversas artes que cultivamos, todos ellos contribuyeron a que podamos ser lo que hoy somos. De corazón les deseo que hayan encontrado al menos un par de ellos, porque son los que nos allanaron el camino. Y por eso, a ellos, gracias totales.
Parece a veces "art brut" o arte marginal, pero no lo es. Son los Diarios 2000-2025 de Guillermo Kuitca, (ArtHaus, CABA, del 28/04/26 L 30/08/26).
El artista trabaja en su mesa de jardín en esta especie de diario de geometrías, rayones y monigotes, como dice el catálogo de la muestra, y nos comparte algo así como la cocina de su proceso creador, las horas y horas de trabajo durante 25 años, en las que frente a su mesa plasmó su interioridad, una actividad idiosincrática que en algún momento devino "obra".
Contemplarla creo que inevitablemente genera alegría.
Transcribo un fragmento del texto del catálogo de los Diarios 2000-2025, de Guillermo Kuitca ( 28/04/26 al 30/08/26, en Arthaus, Bartolomé Mitre 434, CABA), redactado por Andrés Buhar y Virginia Castro.
"Un dibujo que habita cierta zona de la producción plástica de los creadores del bautizado por Jean Dubuffet como "art brut", los cuales, desde las antípodas de las instituciones, el mercado, los sistemas de validación y los ismos vigentes, causarían una verdadera revolución involuntaria en el arte de la segunda mitad del siglo XX.
Primera aclaración: el arte bruto no es un movimiento artístico, ni un género, ni un estilo, sino más bien la exteriorización inevitable de las conmociones más profundamente interiores de determinada clase de individuos. Segunda: si bien algunos de los creadores brutos están efectivamente "locos", en su mayor parte han sido simplemente marginalizados por el resto de la sociedad. Tercera: los creadores del arte bruto no son conscientes del impacto de sus propias producciones, que abarcan la pintura, la escultura, el ensamblaje, el tejido, la costura, el bordado, el dibujo, la arquitectura y la autoedición artesanal. Cuarta: el arte bruto siempre fue teorizado y valorizado por artistas y críticos pertenecientes al canon del arte y ya hace décadas que es exhibido en pie de igualdad junto al arte moderno y contemporáneo. Quinta: los creadores del arte bruto carecen de "proyecto", no se miden con otros artistas ni se interesan (salvo raras excepciones) por el destino y la mercantilización de sus producciones dentro del mercado del arte. Sexta: el concepto de arte bruto implica la exploración de algo inédito, pretende nada menos que subvertir la grilla de categorías existentes, difundir una idea "otra" del arte".
miércoles, 27 de mayo de 2026
Como en una escena conocida de Nothing Hill, una vez me sentí Julia Roberts frente a Hugh Grant, diciéndole "solo soy una chica enfrente de un chico". Fue cuando una noche de verano, Gustavo Cerati pasaba caminando abrazado con su novia de entonces (a principios de los 2000) por la vereda en penumbras de mi departamento en Palermo Viejo, mientras yo entraba y durante un instante que para mí fue eterno, nos miramos con curiosidad (o eso me digo a mí misma, ingenuamente). Una chica enfrente de un chico, separados por un millón de años luz, que lo siguen haciendo.
Una puntaltense en Buenos Aires,
Llegué a Buenos Aires en el año 2000 y mi primer barrio fue el querido Palermo viejo, con sus calles arboladas. Después me fui enterando que lo llamaban Palermo Hollywood, por la cercanía de algunos canales de televisión. Me deslumbraban los barcitos multicolores que no duraban mucho y menos después del 2001, iban y venían.
En el 2005 me vine a vivir a mi barrio actual, el muy porteño y nada pretencioso Almagro. Ubicado en el centro geográfico de la ciudad, me facilitó y lo sigue haciendo, el desplazarme en los medios de transporte públicos, subtes y colectivos, hacia toda la ciudad en períodos de tiempo bastante razonables. Almagro también con los años fue creciendo en la oferta de bares y algunos teatros independientes y tiene como epicentro el Parque Centenario, en donde convergen artesanos, libreros, puestos variopintos en su feria, personas de todas las edades en los fines de semana, bajo sus árboles o alrededor del lago central, murgas, una banda de jazz, espectáculos nocturnos en el anfiteatro, todo lo que lo convierte en un colorido lugar para compartir sin gastar un peso, si uno así lo desea. En el barrio abundan los comercios de cercanía, muchas verdulerías, carnicerías, panaderías, ferreterías, farmacias y por supuesto los supermercados, que facilitan las compras.
26 años en Buenos Aires me deberían haber aporteñado y así lo creí durante mucho tiempo. Sin embargo, en los últimos años me fue naciendo la morriña por mi ciudad natal, sus calles, sus plazas, su iglesia y su gente, aunque de mis amigos de aquélla época quedan muy pocos. Cuando vuelvo los busco como hacía antes, por el centro, pero no los veo, los comercios son distintos, solo perdura en mi memoria el perfume de la iglesia que me hace pensar en el agua bendita con el que uno se persigna al entrar. Tantas veces lo hice durante tantos años y lo sigo haciendo cuando voy y aunque sea entro unos minutos, buscando a esa niña, esa joven que un día se fue y que mucho tiempo después sigue preguntándose quién es y dónde está su hogar. Quizás, como un caracol, lo lleve en la espalda y así, mi lugar en el mundo esté en algún lugar de la ruta 3, yendo o viniendo en el trayecto entre Punta Alta y Buenos Aires.
lunes, 25 de mayo de 2026
En estos tiempos en donde todos los días parecen ser iguales, sobreviven algunos simples rituales que nos hacen sentir que somos parte de algo mayor. Creo que algo de eso tiene el locro del 25, así como el del 1 de mayo. El locro, la empanada, el pastelito de dulce, que ya casi no hacemos en casa, porque vivimos solos o porque somos pocos de familia y que por eso se ofrece por doquier por toda panadería, rotisería o negocio de comida que se precie de ser tal. No nos quedan muchas cosas que nos den identidad y descreemos bastante de los que nos desean feliz día de la patria, en tiempos en donde está tan maltratada. Pero creo que muy adentro nuestro, sentados a la mesa, solos o en compañía, cuando comemos un buen plato de locro alimentamos la esperanza de que van a venir días más felices en algún momento, que el cielo va a escampar y que entonces tal vez brille de nuevo el sol del 25.
En los tiempos de la virtualidad, las figuritas, esos pequeños papelitos o los más antiguos, de cartón o incluso chapitas, siguen generando emociones. Y así es cómo, mientras las nuevas generaciones buscan a Messi, los más viejos siguen buscando a tal vez una de las más difíciles, el codiciado jugador de Zaire Mukombo. Las figuritas se siguen intercambiando y de paso generan charlas y amistades. En los tiempos de las pantallas, esos queridos objetos alegran la vida de muchas personas mientras las buscan por los lugares más insólitos, soñando siempre con esa que tal vez nunca encuentren y que quizás ni saben que existe. Ese es el mayor misterio que los convoca.
https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/rafael-bitran-arqueologia/
domingo, 24 de mayo de 2026
Las golondrinas dejaron su nido en una vieja antena que se ve desde mi ventana. Cuando lo veo, recuerdo los días de verano, en los que se posaban una junto a la otra, en una larga fila y la tarde en la que atacaron en una oleada de vuelos rasantes a un ave de rapiña que quería invadirlo. Pequeñas y frágiles, no se amedrentaron y una tras otra lo expulsaron de su territorio. Tom Cruise en Top Gun hubiera querido tener tanta osadía. Ahora solo quedaron las palomas y algún que otro benteveo resistiendo el frío. Quien sabe donde estarán ellas, tan livianas y audaces.
lunes, 18 de mayo de 2026
Vivir es también detenerse un instante en donde nos vaciamos de preguntas para dejar que la mano escriba, combine las letras armando palabras de sonidos callados. Como una flecha que dispara un gigante, traza un dibujo en el cielo, una flor perenne que en cada pétalo alberga un poema. Y siempre el sol retumba a lo lejos, como un trueno que brilla y llueven del cielo versos cantores. No comprendemos la luz, pero existe.
jueves, 14 de mayo de 2026
Alguna vez me dijeron que lo que importa es el cómo y no tanto el qué. Y si pensamos en el cómo, pienso también en la pausa, ese instante de quietud en medio de las olas del movimiento en donde podemos sedimentar lo que estamos haciendo. La acción y la quietud conviviendo en lo cotidiano. Y también en el diálogo, la pausa cómo silencio para que el otro tenga espacio para expresarse, la pausa para escuchar lo nuevo que tiene para decirnos. Si no nos detenemos nunca, si no sabemos hacer silencio para que algo realmente nuevo suceda, el torbellino de los minutos y las horas y los días llenos de bullicio ( y tal vez por eso, paradójicamente vacíos), nos abruma. Cuando nos detenemos, como desde la cima de una montaña imaginaria podemos ver nuestra vida, los caminos que vamos recorriendo, el diseño que tienen y vamos viendo también cómo se esfuman en una estela de polvo, que no deja de sorprendernos.
miércoles, 13 de mayo de 2026
Todos dijimos alguna vez que en la infancia el tiempo pasaba más lentamente. Lo mismo que en el secundario. Y que después empezó a acelerarse. Creo que muchos coincidimos en esta sensación de que el tiempo pasa cada vez más rápido en los últimos años. En base a algunas cosas que vengo leyendo, se me ocurre conjeturar en que pasamos fácilmente hoy en día, 10, 15, 20, 30 minutos seguidos en el celular sin darnos cuenta, "scrolleando", como se dice ahora, textos o videos de diversa índole, social, política, espectáculos, interés general, de diversas fuentes, sin ningún tipo de orden predeterminado, y esto tiene varias consecuencias. En primer lugar, que el tiempo se nos pasó sin darnos cuenta, inmersos en la pantalla, y eso hace que tengamos esa sensación de que se nos esfuma, cada vez más rápido. En segundo lugar, hace años, nuestra costumbre era sentarnos a leer un libro (con introducción, desarrollo, conclusiones), lo que nos llevaba a usar nuestra mente en modo distinto e ir incorporando la información gradualmente, en forma organizada. En el celular todo es instantáneo y entremezclado, no tenemos tiempo de profundizar las ideas. Como consecuencia, vivimos en un torbellino de información desordenada, buena parte de ella totalmente irrelevante, gracias a la cual nuestra mente sufre, según algunos estudios, consecuencias a nivel cognitivo, ya que no podemos concentrarnos con profundidad en los temas importantes para elaborarlos como es debido. Si siguieron leyendo hasta este punto de mis ideas, les agradezco, y tal vez tengan ganas de compartir algo. No sigo escribiendo sobre la selección de información que hacen los algoritmos para ofrecernos contenidos, ya que en definitiva, solo interesamos como potenciales consumidores y generadores de infinitos datos que ellos utilizan a su favor. Bueno, para seguir pensando.
lunes, 11 de mayo de 2026
Quién sabe qué mundo veríamos si pudiéramos observar la innumerable cantidad de ondas que nos atraviesan sin que nos demos cuenta. Vibraciones imperceptibles que transmiten imágenes, sonidos, palabras, que se convierten en pensamientos y emociones. Que a su vez generan nuevas ondas, que viajan a lugares lejanos y afectan, desde dispositivos electrónicos hasta las sutiles neuronas de quiénes las recibe. Habitamos un mundo vibrante que creamos a cada instante con nuestras intervenciones más o menos conscientes. Y en forma más o menos consciente, somos afectados. Cada tanto es bueno recordarlo.
Por todos lados proliferan los negocios de venta de antigüedades y de ropa usada. Es muy cierto que muchas personas se despojan de estos objetos por razones económicas, para conseguir un pequeño ingreso. También es cierto que se van desarmando casas y que los herederos se desprenden de las pertenencias familiares, por diversos motivos. En medio de todo esto, estamos los que buscamos en comercios y ferias pedacitos de historia con el perfume de otros tiempos. En las épocas de la fugacidad y de la digitalización, en donde el mundo parece existir solamente detrás de las pantallas, en los parques, en los garages, habita un mundo fantástico y colorido, en donde los objetos circulan en una danza interminable, y van pasando de mano en mano, de casa en casa, en donde vuelven a ser amados por otros dueños.
sábado, 9 de mayo de 2026
En un planeta perdido, hay un farolero ocupado día y noche en encender y apagar la luz mientras el principito lo mira asombrado. ¡Hora del té! ¡Hora del té! le dice el Sombrerero Loco a Alicia, mientras la Liebre de Marzo sumerge su reloj en una taza de té, melancólicamente. Desde un espejo, en una galaxia lejana, alguien nos mira caminar como hormigas de un lado al otro, tratando de conseguir aquello que nunca nos satisface del todo. Pero alguna vez, Spinetta nos recordó que los relojes podían hacernos cantar, para que el tiempo se detuviera, como en los relojes fundidos de Dalí. Hoy es sábado y deberíamos dejar de correr hacia ningún lado, para sentarnos a respirar y ser.
martes, 5 de mayo de 2026
Hay personas que, como diría Murakami, cada mañana y en forma silenciosa, le van dando cuerda al mundo para que funcione. Muchas veces son invisibles y por eso nadie las registra, pero sin ellas, muchas cosas se desmoronarían. Hace falta gente que le ponga pegamento a los pedacitos de este mundo fragmentado y que haga cosas por y para los demás. Solo eso.
lunes, 4 de mayo de 2026
Un año más es la Feria del Libro en Buenos Aires, cumpliendo el aniversario 50 en este caso y una vez más no voy a ir. Las multitudes me agobian y el exceso de libros me produce ataques de ansiedad. Apenas puedo entrar a una librería tranquila, en general voy con un título preciso en la cabeza, derechito a pedírselo al vendedor y salgo raudamente una vez que lo consigo. Otra cosa me sucede en El Debate-Librería, allí voy cada tanto y me siento tranquila, dejando que los libros me abracen desde las paredes y que el olor que tienen se impregne en mi ropa, en mi piel, en el pelo. Miro los estantes para descubrir algún libro recién llegado que se haya colado o bien voy hasta las mesas y revuelvo una y otra vez, en busca de antiguas novedades. En las librerías de usados nunca sabemos con qué nos vamos a encontrar y ese es su principal encanto. Los clásicos y los insólitos conviven en abigarrados pilones que amenazan a la ley de gravedad y cada tanto se desmoronan. Y a veces, entre sus páginas, aparecen boletos de colectivos, envolturas de golosinas, flores desecadas y por supuesto, en la primera de ellas, dedicatorias de todo tipo a sus primeros poseedores, aquéllos cuyos ojos fueron los primeros en disfrutarlos.
Desde hace tiempo que vengo viendo en las plataformas, una serie de películas cuyo argumento se centra en contar la historia de mujeres, de alrededor de cincuenta años que se reencuentran consigo mismas. Ya sea en la Toscana (sobre todo,) en Provenza (Me llamo Agneta) , en Croacia (Muy lejos), al estilo de la muy conocida "Comer, rezar, amar", narran las vicisitudes de mujeres grises, desencantadas de su vida que por distintas razones emprenden viajes a lugares exóticos en donde se van empoderando, redescubriendo su sexualidad, siempre en general la lado de un hombre del lugar, que en general es cocinero o le pega en el palo. Películas bellas visualmente, por los paisajes que muestran, amables para pasar el rato, en donde las protagonistas, (que en general tienen bellezas no hegemónicas) son por fin valoradas en su totalidad y encuentran el sentido de la vida, en un lugar nuevo y siempre o casi siempre al lado de un hombre. El cuento del príncipe y la princesa, el chico y la chica de Holywood que terminan comiendo perdices, regresa transformado para las mujeres que se encuentran fracasando a la mitad de la vida y les da la oportunidad de reformularlo. Parece que las mujeres maduras necesitamos viajar a un lugar lejano y encontrar a un hombre para recordarnos que nuestra vida vale la pena. Lamentable.
sábado, 2 de mayo de 2026
jueves, 23 de abril de 2026
Hay veces en que uno se encuentra con personas que inesperadamente le dicen cosas importantes. Si uno es atento, si uno es capaz de darse cuenta de que algo está sucediendo en ese momento, es como si ese ser estuviera conectando con algo que uno necesita oír. No sucede muy seguido. Pero, como siempre, por la vida conviene andar despierto para que esas ocasiones no pasen de largo y para después recordar el poder de esas palabras que tal vez, involuntariamente transformen nuestra vida.
martes, 21 de abril de 2026
Una vez me dijeron que algunos indios decían que cuando uno viajaba, llegaba primero el cuerpo, pero el alma lo hacía unos días después. Y creo que es así. Cuando estamos de regreso, pareciera que ella hubiera quedado entremezclada con los rostros y los lugares que visitamos, como si demorara en despegarse. Una esencia viajera la impregna y ese es uno de sus misterios.
Iglesia María Auxiliadora. Punta Alta. Provincia de Buenos Aires.
miércoles, 15 de abril de 2026
Si cada día es un misterio, si cada instante es un camino que se abre en dos. Y no hay respuestas (ni nunca las habrá). Sólo un ir y venir de las mareas del tiempo, que es todo posibilidad. Cuando estiramos la mano para tocar el futuro y lo acariciamos como si fuera un animal dormido, sabiendo que en breve la noche se transformará en día y el día en noche y nosotros en el medio tratamos de aferrarnos a las certezas que no tenemos y de vivir organizando una agenda perfecta, que a la primera curva se desmorona. Pero siempre el sueño vuelve, iluminando la penumbra y entonces, libres por fin de las coordenadas de la razón, tal vez recibamos una pista, una señal, algo que nos diga qué hacer y nos acerque un poco más a nuestro corazón.
Cuando pasan los años, con mucho esfuerzo, vamos desprendiéndonos de capas de piel y así acercándonos a nuestra esencia, a lo más íntimo que somos. Cuando sentimos que el corazón está ubicado en el lugar correcto, aunque quizás inesperado, en una vuelta del camino que no conocíamos, por fin el espejo nos devuelve la imagen de nuestro rostro, sin máscaras y con una tímida sonrisa, como la de un niño que acaba de nacer.
A veces, entre las hendiduras de la realidad, aparece un hueco por donde podemos meter la mano para tocar a la vida. No es frecuente, pero hay que estar despiertos para que cuando sucede no se nos pase de largo. Porque hay días, hay épocas que traen un perfume que uno sospecha que presagia algo, la cercanía de la vida escondida como un animal escurridizo, que quiere revelarse.
martes, 7 de abril de 2026
Pensar mientras unx habla, pensar mientras unx escribe, pensar mientras unx hace, pensar mientras unx dibuja o pinta, pensar mientras unx camina. La acción impulsando, organizando el pensamiento. Pensar solo pensando puede llegar, a veces, a agobiarnos, a asfixiarnos, a enredarnos en círculos interminables. Vivir para olvidarnos de pensar. Y ser.
lunes, 30 de marzo de 2026
sábado, 14 de febrero de 2026
Día de San Valentín y día de los enamorados. Sin embargo, me gusta pensar en que todas las personas, no importa quiénes seamos, todas tenemos un color, un matiz de verde particular, o de anaranjado, de turquesa o de lila, y así nos vamos combinando, unos/as con otros/as, en un infinito arco iris que ilumina el cielo y que celebra en un día como hoy, así como todos los días, el amor que nos une.
martes, 10 de febrero de 2026
La pintura nos va guiando y nos va diciendo, como en la vida, cuando avanzar y cuando esperar, o retirarnos. Nos enseña a observar, a respetar, a sostener y soltar, confiando en la intuición.
En la pintura se combinan lo racional y lo inconsciente, lo que se muestra y lo que se intenta esconder y no obstante se revela. Es una suerte de espejo que imita nuestros impulsos, sentimientos y pensamientos entremezclados, transformados en pinceladas y gestos, como los de nuestro rostro, las inflexiones de nuestra voz. Lo que deseamos y lo que tememos, lo que le pedimos al cielo. La pintura nos abraza y es un paisaje al que siempre podemos volver, porque, en un mundo inhóspito, nos contiene.
lunes, 26 de enero de 2026
Cuando uno escribe algo lo cristaliza de algún modo, pero aunque lo haga en piedra, hasta ella se desgasta con el tiempo y la escritura se borra. Hay infinitas combinaciones de palabras para nombrar lo que sentimos y muchas de ellas se contradicen, se anulan mutuamente, se eclipsan, se niegan. Como malabaristas, jugamos con las ideas tratando de no tomarnos demasiado en serio y cada tanto nos esfumamos como pompas de jabón, sin dejar rastros.
domingo, 25 de enero de 2026
El tiempo pasa tan rápido que muchos olvidan que hace casi seis años comenzamos a atravesar una pandemia. En esos días, se decía con tono apesadumbrado que había una maldición china que sentenciaba: "ojalá te toquen vivir tiempos interesantes". Pese a todo, pese a la velocidad de los días transcurridos, pese a la urgencia por hacer todo lo que no significa nada y pese a que paulatinamente nos vamos acostumbrando a grados cada vez más altos de crueldad social sin inmutarnos, como si fuéramos ranas que nos van sumergiendo en agua que se calienta imperceptiblemente y así mueren hervidas sin darse cuenta, creo en lo profundo del corazón que ese aislamiento y ese coqueteo con la muerte que fue la pandemia, esa magnífica demostración de fuerza del imperio del fin del fin, dejó secuelas en el fondo de nuestra esencia. Aunque las ignoremos, aunque el vertiginoso avance de los días nos atonte y olvidemos quiénes somos, hay noches y tal vez más que nada cuando la luna crece, que la recuerdo en silencio y me pregunto si algo aprendimos o si fue todo pérdida y quedó en el olvido. Si tal vez, esa indiferencia por el destino del otro se fue incubando junto con el virus mortal que entonces nos acechaba, si el lucero guarda alguna promesa para esos niños que siguen naciendo, como si nada hubiera pasado.
viernes, 23 de enero de 2026
Hace muchos años (sería aproximadamente a principios de los 80), recuerdo haber leído una de las tiras de Caloi, en donde su personaje Clemente, protestaba por la existencia de las aceitunas rellenas; según él, bastaba con que disfrutáramos de las originales. Y yo coincidía y lo sigo haciendo. Me desespera cada vez más, desde aquéllas épocas, la aparición de infinitas variedades de los infinitos productos que se venden en las góndolas y pienso en cuánto tiempo valioso mucha gente pierde eligiendo tal vez la mejor combinación de yogur, con frutas diversas o cereales, galletitas de todo tipo y color, mayonesas, etc. La industria no tiene límites en diseñar numerosísimos productos con tal de incrementar las ventas y así es como ya casi ni le sentimos el sabor a una ensalada de zanahorias. Gastamos nuestro tiempo en el supermercado (el poco que tenemos). Claro que no me olvido de los que no tienen acceso a estos lujos. Y deben conformarse directamente con las marcas más económicas (en el mejor de los casos que tengan el dinero suficiente para comprarlas). El mercado no descansa, recomiendo la película "Ruido de fondo", de Netflix, para seguir pensando estas cuestiones.
Viajando en el colectivo, hoy miraba estadísticamente los colores de la ropa de la mayoría de las personas. Y el color que predominaba era e...
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No recuerdo cómo fue que la Encíclica Rerum Novarum llegó a mis manos a fines de los 80, la leía con una mezcla de ilusión y respeto, el mis...
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Quiero reflexionar sobre lo que significa la expresión para mí, tanto en la escritura como en el dibujo o la pintura. No elijo desde la con...








