Una vez me dijeron que algunos indios decían que cuando uno viajaba, llegaba primero el cuerpo, pero el alma lo hacía unos días después. Y creo que es así. Cuando estamos de regreso, pareciera que ella hubiera quedado entremezclada con los rostros y los lugares que visitamos, como si demorara en despegarse. Una esencia viajera la impregna y ese es uno de sus misterios.
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