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miércoles, 24 de junio de 2026

 ¿Adónde quedaron los ángeles de las molduras de las casas antiguas? Las sábanas bordadas, la colección de copas y platitos de té, las cucharitas y azucareras, las gloriosas teteras que convocaban las charlas de los sábados. Algunos/as las buscamos en las ferias de antigüedades, como buscamos el pasado que perdimos, las historias que no están y que esas piezas conservan. Los platitos decorados con sus miniaturas, con un mundo destinado a perdurar que pasó y fue reemplazado por la sociedad de lo transitorio y descartable, que descarta tanto a los objetos sin alma ni magia como a los viejos y viejas que ya no sirven. A los y las que en algún sillón, siguen contando historias, a quien se detenga a escucharlas, de aquéllas tardes de la ceremonia del té.



lunes, 11 de mayo de 2026


 Por todos lados proliferan los negocios de venta de antigüedades y de ropa usada. Es muy cierto que muchas personas se despojan de estos objetos por razones económicas, para conseguir un pequeño ingreso. También es cierto que se van desarmando casas y que los herederos se desprenden de las pertenencias familiares, por diversos motivos. En medio de todo esto, estamos los que buscamos en comercios y ferias pedacitos de historia con el perfume de otros tiempos. En las épocas de la fugacidad y de la digitalización, en donde el mundo parece existir solamente detrás de las pantallas, en los parques, en los garages, habita un mundo fantástico y colorido, en donde los objetos circulan en una danza interminable, y van pasando de mano en mano, de casa en casa, en donde vuelven a ser amados por otros dueños. 


Parque Patricios. Buenos Aires

viernes, 23 de enero de 2026

 Hace muchos años (sería aproximadamente a principios de los 80), recuerdo haber leído una de las tiras de Caloi, en donde su personaje Clemente, protestaba por la existencia de las aceitunas rellenas; según él, bastaba con que disfrutáramos de las originales. Y yo coincidía y lo sigo haciendo. Me desespera cada vez más, desde aquéllas épocas, la aparición de infinitas variedades de los infinitos productos que se venden en las góndolas y pienso en cuánto tiempo valioso mucha gente pierde eligiendo tal vez la mejor combinación de yogur, con frutas diversas o cereales, galletitas de todo tipo y color, mayonesas, etc. La industria no tiene límites en diseñar numerosísimos productos con tal de incrementar las ventas y así es como ya casi ni le sentimos el sabor a una ensalada de zanahorias. Gastamos nuestro tiempo en el supermercado (el poco que tenemos). Claro que no me olvido de los que no tienen acceso a estos lujos. Y deben conformarse directamente con las marcas más económicas (en el mejor de los casos que tengan el dinero suficiente para comprarlas). El mercado no descansa, recomiendo la película "Ruido de fondo", de Netflix, para seguir pensando estas cuestiones.

sábado, 24 de julio de 2021

 Un viaje al pasado, quién no quisiera ser de nuevo un chico, una nena de diez, doce años y que nos hubieran regalado algo así...


jueves, 14 de junio de 2018

El collar


Si tuviera que recordar un objeto de ese verano de los ochenta, elegiría  aquél collar. Era muy largo y estaba hecho de perlas que no se destacaban por ser de buena calidad, pero eso  no importaba. Lo llevaba con la desfachatez de una chica de estilo charleston; claro que el resto de mi atuendo era sui generis.  Podía ser una amplia camisola con flores rosadas y blancas, o casi siempre  una remera de hilo color turquesa  que había tejido mi tía. El collar se destacaba sobre los bordados  y en medio de las vueltas que le daba, entre mi cuello y mi vientre, quedaron viejas canciones de la época. El Nano Serrat y Los abuelos de la nada se balanceaban con él cuando yo caminaba feliz, descubriendo la vida.

miércoles, 13 de junio de 2018

La vela


Hace unas noches se cortó la luz en mi casa. Sin televisión, ni computadora, ni siquiera teléfono, tuve unos instantes de desesperación, seguramente compartidos con  los afectados por este contratiempo imprevisto. La oscuridad, la soledad y el silencio amenazaban en una sombría conjunción. Entonces encendí una vela con el torpe apuro que me caracteriza en esos casos.  La llama centelleó en la penumbra e inmediatamente la cera empezó a gotear.  Más  tranquila, me dispuse  a preparar la cena iluminada por ese halo amarillento. Mis pensamientos se fueron volviendo más calmos y me encontré así  con la música de los objetos: el sonido del agua al deslizarse por la pileta, el del cuchillo junto a la tabla de madera al picar la verdura. Cada tanto se oía el chisporroteo de la vela que permanecía generosa, transformando su materia en energía, dando una simple clase de física hogareña. En un momento me detuve a mirarla y vi que la cera derretida había adoptado la forma de un pequeño hombrecito.  Estaba sentado sobre el candelero y tenía una cabeza alargada que alimentaba el fuego, torso  y piernas perfectamente delineados. Aunque debía saber que su vida era muy corta, en calma esperaba a la muerte. Decidí  dibujarlo antes de que se esfumara, mientras se cocinaba la sopa.  Su imagen misteriosa quedó plasmada en lápiz en mi cuaderno, esperando que la coloree. Todavía estoy por hacerlo. Esa noche cené y me fui a dormir cuando él desapareció.





martes, 12 de junio de 2018

Cucharas



En mi armario tengo una tosca cuchara de madera de formas irregulares; el artesano que me la vendió me contó que la había tallado con un tronco de lenga que flotaba en el lago Puelo. A su lado descansa un pequeño cubierto de metal con la figura de un cisne grabado, que se amoldó infinitas veces a mi lengua cuando intentaba quedarme con los últimos restos de dulce del frasco. Ningún temor me invade cuando su forma redondeada toma contacto con mi boca. En comparación, los tenedores me parecen instrumentos agresivos, con extremos puntiagudos de dudosa moral. Imagino a hombres prehistóricos intentando esculpir en piedra a las antecesoras de estas piezas cóncavas para transportar sus alimentos. Fundidas en metal, llevaron hortalizas y legumbres, sopas y postres a la mesa de pobres y ricos. Por las noches, sueño con mujeres armadas con cucharas que revuelven guisos en eternos círculos humeantes.


 Interpretamos el mundo que ven los demás desde nuestra realidad psíquica. Pero no sabemos cuáles son las vivencias, las historias, los secr...