En las plazas o detrás de las ventanas de los cafés, el tiempo parece transcurrir más lento. La mirada se pierde mientras el pensamiento vaga, con una atención distraída. Hay una etapa de la vida, cuando nos jubilamos, en la que entramos en un territorio desconocido. Por todos lados nos alarman, preguntándonos qué proyectos tenemos, qué vamos a hacer y nos dan muchas recomendaciones, por las dudas. Sin embargo, una vez que nos vamos adentrando en esas aguas, vamos desarrollando una mirada aún más contemplativa de la vida. Y los pájaros muchas veces son nuestros maestros, en plazas y parques, o aún en las ventanas. Caminamos más lento porque cada imagen puede ser descubierta en un nuevo detalle. Y así, el mundo se amplifica desde lo más pequeño, aunque aparentemente, solo estemos dando una vuelta a la manzana.
lunes, 31 de agosto de 2026
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