domingo, 31 de mayo de 2026

 Hoy papá hubiera cumplido 90 años. Mientras cocinaba un buen estofado, como le hubiera gustado, sonaba de fondo una de sus canciones favoritas, de los 70,  La chica de la boutique, que siempre lo hacía sonreír mientras daba unos tímidos pasitos de baile. Tal vez su esencia nos sobrevuele y desde algún lugar la escuche y lo siga haciendo alegrar como entonces. Ya sé que allí el tiempo no existe y que no se soplan las velitas, pero dejáme decirte, feliz cumpleaños pá.

jueves, 28 de mayo de 2026

INSTAGRAM

 Mi instagram: @claudia.azpilicueta,

para ver mis pinturas

 Hay días que son para pintar o dibujar y hay días que son para escribir. Escribir me ordena, a veces hago cuadros, gráficos, cronogramas, completo agendas, y otras escribo sin parar, sin saber de dónde vienen esas palabras que nos permiten comunicarnos, expresar lo que sentimos y por qué no, escondernos también. Y a veces sin proponerlo aparece un texto que quiero guardar, ahí, en medio del camino entre la birome y el papel, respira su primer aliento. Y a veces lo acompaño a crecer, lo alimento y lo cuido, como a un pequeño hijo, que siga viviendo cuando yo no esté y le cuente a alguien, quien una vez fui.

 No pinto flores. No pinto caballos. No pinto paisajes. Si aparecen siluetas es porque se colaron entre los trazos y pinceladas y vienen de quién sabe dónde, probablemente desde algún lugar oscuro de mi inconsciente, que ellas vienen a revelar.

Pinto, como leí por ahí, mis conmocionados estados internos. Más o menos regulados.

Hay días que son de líneas rectas o curvas, de puntillismos, de grafismos, de actitudes meditativas.

Hay días oscuros, como los de la tinta china y la carbonilla, a los que los pasteles de colores suavizan.

Y siempre vuelvo al acrílico, como a una agua conocida en la que me sumerjo para renacer.

Pintar, dibujar, es pensar en definitiva. Es pensar sin palabras, es ver lo que uno piensa en una imagen, en un gesto, es dejarse llevar por la emoción y tratar de volver al equilibrio. Es descargarse y mantener los límites. Es dar un salto al vacío, cuando no hay red, para descubrir de pronto que se puede volar, y no lo sabíamos.

 Así como existen los maestros, existen también los anti-maestros. Todos necesitamos en los distintos procesos de desarrollo de nuestra vida, personas que nos inspiren, que crean en nosotros y que nos estimulen a dar como consecuencia lo mejor que tenemos. En definitiva, crecimos y crecemos junto a ellos, simplemente porque nos valoraron y nos dieron la libertad y la confianza para desarrollarnos. Desde nuestras maestras o profesores de la infancia y la adolescencia, nuestros jefes en nuestros diversos trabajos, nuestros maestros en las diversas artes que cultivamos, todos ellos contribuyeron a que podamos ser lo que hoy somos. De corazón les deseo que hayan encontrado al menos un par de ellos, porque son los que nos allanaron el camino. Y por eso, a ellos, gracias totales.

 Parece a veces "art brut" o arte marginal, pero no lo es. Son los Diarios 2000-2025 de Guillermo Kuitca, (ArtHaus, CABA, del 28/04/26 L 30/08/26). 

El artista trabaja en su mesa de jardín en esta especie de diario de geometrías, rayones y monigotes, como dice el catálogo de la muestra, y nos comparte algo así como la cocina de su proceso creador, las horas y horas de trabajo durante 25 años, en las que frente a su mesa plasmó su interioridad, una actividad idiosincrática que en algún momento devino "obra".

Contemplarla creo que inevitablemente genera alegría.



 Transcribo un fragmento del texto del catálogo de los Diarios 2000-2025, de Guillermo Kuitca ( 28/04/26 al 30/08/26, en Arthaus, Bartolomé Mitre 434, CABA), redactado por Andrés Buhar y Virginia Castro.

"Un dibujo que habita cierta zona de la producción plástica de los creadores del bautizado por Jean Dubuffet como "art brut", los cuales, desde las antípodas de las instituciones, el mercado, los sistemas de validación y los ismos vigentes, causarían una verdadera revolución involuntaria en el arte de la segunda mitad del siglo XX.

Primera aclaración: el arte bruto no es un movimiento artístico, ni un género, ni un estilo, sino más bien la exteriorización inevitable de las conmociones más profundamente interiores de determinada clase de individuos. Segunda: si bien algunos de los creadores brutos están efectivamente "locos", en su mayor parte han sido simplemente marginalizados por el resto de la sociedad. Tercera: los creadores del arte bruto no son conscientes del impacto de sus propias producciones, que abarcan la pintura, la escultura, el ensamblaje, el tejido, la costura, el bordado, el dibujo, la arquitectura y la autoedición artesanal. Cuarta: el arte bruto siempre fue teorizado y valorizado por artistas y críticos pertenecientes al canon del arte y ya hace décadas que es exhibido en pie de igualdad junto al arte moderno y contemporáneo. Quinta: los creadores del arte bruto carecen de "proyecto", no se miden con otros artistas ni se interesan (salvo raras excepciones) por el destino y la mercantilización de sus producciones dentro del mercado del arte. Sexta: el concepto de arte bruto implica la exploración de algo inédito, pretende nada menos que subvertir la grilla de categorías existentes, difundir una idea "otra" del arte".


miércoles, 27 de mayo de 2026

 Como en una escena conocida de Nothing Hill, una vez me sentí Julia Roberts frente a Hugh Grant, diciéndole "solo soy una chica enfrente de un chico". Fue cuando una noche de verano, Gustavo Cerati pasaba caminando abrazado con su novia de entonces (a principios de los 2000) por la vereda en penumbras de mi departamento en Palermo Viejo, mientras yo entraba y durante un instante que para mí fue eterno, nos miramos con curiosidad (o eso me digo a mí misma, ingenuamente). Una chica enfrente de un chico, separados por un millón de años luz, que lo siguen haciendo.

 Una puntaltense en Buenos Aires,

Llegué a Buenos Aires en el año 2000 y mi primer barrio fue el querido Palermo viejo, con sus calles arboladas. Después me fui enterando que lo llamaban Palermo Hollywood, por la cercanía de algunos canales de televisión. Me deslumbraban los barcitos multicolores que no duraban mucho y menos después del 2001, iban y venían.

En el 2005 me vine a vivir a mi barrio actual, el muy porteño y nada pretencioso Almagro. Ubicado en el centro geográfico de la ciudad, me facilitó y lo sigue haciendo, el desplazarme en los medios de transporte públicos, subtes y colectivos, hacia toda la ciudad en períodos de tiempo bastante razonables. Almagro también con los años fue creciendo en la oferta de bares y algunos teatros independientes y tiene como epicentro el Parque Centenario, en donde convergen artesanos, libreros, puestos variopintos en su feria, personas de todas las edades en los fines de semana, bajo sus árboles o alrededor del lago central, murgas, una banda de jazz, espectáculos nocturnos en el anfiteatro, todo lo que lo convierte en un colorido lugar para compartir sin gastar un peso, si uno así lo desea. En el barrio abundan los comercios de cercanía, muchas verdulerías, carnicerías, panaderías, ferreterías, farmacias y por supuesto los supermercados, que facilitan las compras.

26 años en Buenos Aires me deberían haber aporteñado y así lo creí durante mucho tiempo. Sin embargo, en los últimos años me fue naciendo la morriña por mi ciudad natal, sus calles, sus plazas, su iglesia y su gente, aunque de mis amigos de aquélla época quedan muy pocos. Cuando vuelvo los busco como hacía antes, por el centro, pero no los veo, los comercios son distintos, solo perdura en mi memoria el perfume de la iglesia que me hace pensar en el agua bendita con el que uno se persigna al entrar. Tantas veces lo hice durante tantos años y lo sigo haciendo cuando voy y aunque sea entro unos minutos, buscando a esa niña, esa joven que un día se fue y que mucho tiempo después sigue preguntándose quién es y dónde está su hogar. Quizás, como un caracol, lo lleve en la espalda y así, mi lugar en el mundo esté en algún lugar de la ruta 3, yendo o viniendo en el trayecto entre Punta Alta y Buenos Aires.



lunes, 25 de mayo de 2026

 En estos tiempos en donde todos los días parecen ser iguales, sobreviven algunos simples rituales que nos hacen sentir que somos parte de algo mayor. Creo que algo de eso tiene el locro del 25, así como el del 1 de mayo. El locro, la empanada, el pastelito de dulce, que ya casi no hacemos en casa, porque vivimos solos o porque somos pocos de familia y que por eso se ofrece por doquier por toda panadería, rotisería o negocio de comida que se precie de ser tal. No nos quedan muchas cosas que nos den identidad y descreemos bastante de los que nos desean feliz día de la patria, en tiempos en donde está tan maltratada. Pero creo que muy adentro nuestro, sentados a la mesa, solos o en compañía, cuando comemos un buen plato de locro alimentamos la esperanza de que van a venir días más felices en algún momento, que el cielo va a escampar y que entonces tal vez brille de nuevo el sol del 25.

 En los tiempos de la virtualidad, las figuritas, esos pequeños papelitos o los más antiguos, de cartón o incluso chapitas, siguen generando emociones. Y así es cómo, mientras las nuevas generaciones buscan a Messi, los más viejos siguen buscando a tal vez una de las más difíciles, el codiciado jugador de Zaire Mukombo. Las figuritas se siguen intercambiando y de paso generan charlas y amistades. En los tiempos de las pantallas, esos queridos objetos alegran la vida de muchas personas mientras las buscan por los lugares más insólitos, soñando siempre con esa que tal vez nunca encuentren y que quizás ni saben que existe. Ese es el mayor misterio que los convoca.

https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/rafael-bitran-arqueologia/

domingo, 24 de mayo de 2026

 Las golondrinas dejaron su nido en una vieja antena que se ve desde mi ventana. Cuando lo veo, recuerdo los días de verano, en los que se posaban una junto a la otra, en una larga fila y la tarde en la que atacaron en una oleada de vuelos rasantes a un ave de rapiña que quería invadirlo. Pequeñas y frágiles, no se amedrentaron y una tras otra lo expulsaron de su territorio. Tom Cruise en Top Gun hubiera querido tener tanta osadía. Ahora solo quedaron las palomas y algún que otro benteveo resistiendo el frío. Quien sabe donde estarán ellas, tan livianas y audaces.

lunes, 18 de mayo de 2026

 Vivir es también detenerse un instante en donde nos vaciamos de preguntas para dejar que la mano escriba, combine las letras armando palabras de sonidos callados. Como una flecha que dispara un gigante, traza un dibujo en el cielo, una flor perenne que en cada pétalo alberga un poema. Y siempre el sol retumba a lo lejos, como un trueno que brilla y llueven del cielo versos cantores. No comprendemos la luz, pero existe.

jueves, 14 de mayo de 2026

 Alguna vez me dijeron que lo que importa es el cómo y no tanto el qué. Y si pensamos en el cómo, pienso también en la pausa, ese instante de quietud en medio de las olas del movimiento en donde podemos sedimentar lo que estamos haciendo. La acción y la quietud conviviendo en lo cotidiano. Y también en el diálogo, la pausa cómo silencio para que el otro tenga espacio para expresarse, la pausa para escuchar lo nuevo que tiene para decirnos. Si no nos detenemos nunca, si no sabemos hacer silencio para que algo realmente nuevo suceda, el torbellino de los minutos y las horas y los días llenos de bullicio ( y tal vez por eso, paradójicamente vacíos), nos abruma. Cuando nos detenemos, como desde la cima de una montaña imaginaria podemos ver nuestra vida, los caminos que vamos recorriendo, el diseño que tienen y vamos viendo también cómo se esfuman en una estela de polvo, que no deja de sorprendernos.




miércoles, 13 de mayo de 2026

 Todos dijimos alguna vez que en la infancia el tiempo pasaba más lentamente. Lo mismo que en el secundario. Y que después empezó a acelerarse. Creo que muchos coincidimos en esta sensación de que el tiempo pasa cada vez más rápido en los últimos años. En base a algunas cosas que vengo leyendo, se me ocurre conjeturar en que pasamos fácilmente hoy en día, 10, 15, 20, 30 minutos seguidos en el celular sin darnos cuenta, "scrolleando", como se dice ahora, textos o videos de diversa índole, social, política, espectáculos, interés general, de diversas fuentes, sin ningún tipo de orden predeterminado, y esto tiene varias consecuencias. En primer lugar, que el tiempo se nos pasó sin darnos cuenta, inmersos en la pantalla, y eso hace que tengamos esa sensación de que se nos esfuma, cada vez más rápido. En segundo lugar, hace años, nuestra costumbre era sentarnos a leer un libro (con introducción, desarrollo, conclusiones), lo que nos llevaba a usar nuestra mente en modo distinto e ir incorporando la información gradualmente, en forma organizada. En el celular todo es instantáneo y entremezclado, no tenemos tiempo de profundizar las ideas. Como consecuencia, vivimos en un torbellino de información desordenada, buena parte de ella totalmente irrelevante, gracias a la cual nuestra mente sufre, según algunos estudios, consecuencias a nivel cognitivo, ya que no podemos concentrarnos con profundidad en los temas importantes para elaborarlos como es debido. Si siguieron leyendo hasta este punto de mis ideas, les agradezco, y tal vez tengan ganas de compartir algo. No sigo escribiendo sobre la selección de información que hacen los algoritmos para ofrecernos contenidos, ya que en definitiva, solo interesamos como potenciales consumidores y generadores de infinitos datos que ellos utilizan a su favor. Bueno, para seguir pensando.

lunes, 11 de mayo de 2026

 Quién sabe qué mundo veríamos si pudiéramos observar la innumerable cantidad de ondas que nos atraviesan sin que nos demos cuenta. Vibraciones imperceptibles que transmiten imágenes, sonidos, palabras, que se convierten en pensamientos y emociones. Que a su vez generan nuevas ondas, que viajan a lugares lejanos y afectan, desde dispositivos electrónicos hasta las sutiles neuronas de quiénes las recibe. Habitamos un mundo vibrante que creamos a cada instante con nuestras intervenciones más o menos conscientes. Y en forma más o menos consciente, somos afectados. Cada tanto es bueno recordarlo.





 Por todos lados proliferan los negocios de venta de antigüedades y de ropa usada. Es muy cierto que muchas personas se despojan de estos objetos por razones económicas, para conseguir un pequeño ingreso. También es cierto que se van desarmando casas y que los herederos se desprenden de las pertenencias familiares, por diversos motivos. En medio de todo esto, estamos los que buscamos en comercios y ferias pedacitos de historia con el perfume de otros tiempos. En las épocas de la fugacidad y de la digitalización, en donde el mundo parece existir solamente detrás de las pantallas, en los parques, en los garages, habita un mundo fantástico y colorido, en donde los objetos circulan en una danza interminable, y van pasando de mano en mano, de casa en casa, en donde vuelven a ser amados por otros dueños. 


Parque Patricios. Buenos Aires

sábado, 9 de mayo de 2026

 

En algún rincón, las explicaciones se apilan tan ordenadas que atemorizan.

El nudo se deshace y queda una hendija para atravesar. Como en un prisma, la luz nos desintegra para recordar quienes somos, cuando caen los telones, al atardecer.

 

 Los blogs indudablemente pasaron de moda. Sin embargo, el mío persiste. En junio va a cumplir 16 años.

Sigue viviendo, agradecido a las personas que me impulsaron a crearlo y sostenerlo, Luis Gruss y Víctor Sitá, mis queridos maestros. 

 En un planeta perdido, hay un farolero ocupado día y noche en encender y apagar la luz mientras el principito lo mira asombrado. ¡Hora del té! ¡Hora del té! le dice el Sombrerero Loco a Alicia, mientras la Liebre de Marzo sumerge su reloj en una taza de té, melancólicamente. Desde un espejo, en una galaxia lejana, alguien nos mira caminar como hormigas de un lado al otro, tratando de conseguir aquello que nunca nos satisface del todo. Pero alguna vez, Spinetta nos recordó que los relojes podían hacernos cantar, para que el tiempo se detuviera, como en los relojes fundidos de Dalí. Hoy es sábado y deberíamos dejar de correr hacia ningún lado, para sentarnos a respirar y ser.

martes, 5 de mayo de 2026

 Hay personas que, como diría Murakami, cada mañana y en forma silenciosa, le van dando cuerda al mundo para que funcione. Muchas veces son invisibles y por eso nadie las registra, pero sin ellas, muchas cosas se desmoronarían. Hace falta gente que le ponga pegamento a los pedacitos de este mundo fragmentado y que haga cosas por y para los demás. Solo eso.

lunes, 4 de mayo de 2026

 Un año más es la Feria del Libro en Buenos Aires, cumpliendo el aniversario 50 en este caso y una vez más no voy a ir. Las multitudes me agobian y el exceso de libros me produce ataques de ansiedad. Apenas puedo entrar a una librería tranquila, en general voy con un título preciso en la cabeza, derechito a pedírselo al vendedor y salgo raudamente una vez que lo consigo. Otra cosa me sucede en El Debate-Librería, allí voy cada tanto y me siento tranquila, dejando que los libros me abracen desde las paredes y que el olor que tienen se impregne en mi ropa, en mi piel, en el pelo. Miro los estantes para descubrir algún libro recién llegado que se haya colado o bien voy hasta las mesas y revuelvo una y otra vez, en busca de antiguas novedades. En las librerías de usados nunca sabemos con qué nos vamos a encontrar y ese es su principal encanto. Los clásicos y los insólitos conviven en abigarrados pilones que amenazan a la ley de gravedad y cada tanto se desmoronan. Y a veces, entre sus páginas, aparecen boletos de colectivos, envolturas de golosinas, flores desecadas y por supuesto, en la primera de ellas, dedicatorias de todo tipo a sus primeros poseedores, aquéllos cuyos ojos fueron los primeros en disfrutarlos.

 Desde hace tiempo que vengo viendo en las plataformas, una serie de películas cuyo argumento se centra en contar la historia de mujeres, de alrededor de cincuenta años que se reencuentran consigo mismas. Ya sea en la Toscana (sobre todo,) en Provenza (Me llamo Agneta) , en Croacia (Muy lejos), al estilo de la muy conocida "Comer, rezar, amar", narran las vicisitudes de mujeres grises, desencantadas de su vida que por distintas razones emprenden viajes a lugares exóticos en donde se van empoderando, redescubriendo su sexualidad, siempre en general la lado de un hombre del lugar, que en general es cocinero o le pega en el palo. Películas bellas visualmente, por los paisajes que muestran, amables para pasar el rato, en donde las protagonistas, (que en general tienen bellezas no hegemónicas) son por fin valoradas en su totalidad y encuentran el sentido de la vida, en un lugar nuevo y siempre o casi siempre al lado de un hombre. El cuento del príncipe y la princesa, el chico y la chica de Holywood que terminan comiendo perdices, regresa transformado para las mujeres que se encuentran fracasando a la mitad de la vida y les da la oportunidad de reformularlo. Parece que las mujeres maduras necesitamos viajar a un lugar lejano y encontrar a un hombre para recordarnos que nuestra vida vale la pena. Lamentable.

sábado, 2 de mayo de 2026

En tiempos de la inteligencia artificial, en donde todo o casi todo parece poder virtualizarse, siguen quedando algunas personas que, con muchísimo amor, rescatan los objetos que guardan testimonio de quienes fuimos y permiten así evocar muchos momentos felices. Ojalá siempre sigan existiendo estos amorosos cuidadores de nuestro pasado, desde lo más simple, como son la figuritas.

Permanecer como un niño, abiertos al asombro. Solo desde el extremo vacío puede nacer lo que buscamos, eso que nos completa, aunque sea de a...