jueves, 28 de mayo de 2026

 Así como existen los maestros, existen también los anti-maestros. Todos necesitamos en los distintos procesos de desarrollo de nuestra vida, personas que nos inspiren, que crean en nosotros y que nos estimulen a dar como consecuencia lo mejor que tenemos. En definitiva, crecimos y crecemos junto a ellos, simplemente porque nos valoraron y nos dieron la libertad y la confianza para desarrollarnos. Desde nuestras maestras o profesores de la infancia y la adolescencia, nuestros jefes en nuestros diversos trabajos, nuestros maestros en las diversas artes que cultivamos, todos ellos contribuyeron a que podamos ser lo que hoy somos. De corazón les deseo que hayan encontrado al menos un par de ellos, porque son los que nos allanaron el camino. Y por eso, a ellos, gracias totales.

 Parece a veces "art brut" o arte marginal, pero no lo es. Son los Diarios 2000-2025 de Guillermo Kuitca, (ArtHaus, CABA, del 28/04/26 L 30/08/26). 

El artista trabaja en su mesa de jardín en esta especie de diario de geometrías, rayones y monigotes, como dice el catálogo de la muestra, y nos comparte algo así como la cocina de su proceso creador, las horas y horas de trabajo durante 25 años, en las que frente a su mesa plasmó su interioridad, una actividad idiosincrática que en algún momento devino "obra".

Contemplarla creo que inevitablemente genera alegría.



 Transcribo un fragmento del texto del catálogo de los Diarios 2000-2025, de Guillermo Kuitca ( 28/04/26 al 30/08/26, en Arthaus, Bartolomé Mitre 434, CABA), redactado por Andrés Buhar y Virginia Castro.

"Un dibujo que habita cierta zona de la producción plástica de los creadores del bautizado por Jean Dubuffet como "art brut", los cuales, desde las antípodas de las instituciones, el mercado, los sistemas de validación y los ismos vigentes, causarían una verdadera revolución involuntaria en el arte de la segunda mitad del siglo XX.

Primera aclaración: el arte bruto no es un movimiento artístico, ni un género, ni un estilo, sino más bien la exteriorización inevitable de las conmociones más profundamente interiores de determinada clase de individuos. Segunda: si bien algunos de los creadores brutos están efectivamente "locos", en su mayor parte han sido simplemente marginalizados por el resto de la sociedad. Tercera: los creadores del arte bruto no son conscientes del impacto de sus propias producciones, que abarcan la pintura, la escultura, el ensamblaje, el tejido, la costura, el bordado, el dibujo, la arquitectura y la autoedición artesanal. Cuarta: el arte bruto siempre fue teorizado y valorizado por artistas y críticos pertenecientes al canon del arte y ya hace décadas que es exhibido en pie de igualdad junto al arte moderno y contemporáneo. Quinta: los creadores del arte bruto carecen de "proyecto", no se miden con otros artistas ni se interesan (salvo raras excepciones) por el destino y la mercantilización de sus producciones dentro del mercado del arte. Sexta: el concepto de arte bruto implica la exploración de algo inédito, pretende nada menos que subvertir la grilla de categorías existentes, difundir una idea "otra" del arte".


miércoles, 27 de mayo de 2026

 Como en una escena conocida de Nothing Hill, una vez me sentí Julia Roberts frente a Hugh Grant, diciéndole "solo soy una chica enfrente de un chico". Fue cuando una noche de verano, Gustavo Cerati pasaba caminando abrazado con su novia de entonces (a principios de los 2000) por la vereda en penumbras de mi departamento en Palermo Viejo, mientras yo entraba y durante un instante que para mí fue eterno, nos miramos con curiosidad (o eso me digo a mí misma, ingenuamente). Una chica enfrente de un chico, separados por un millón de años luz, que lo siguen haciendo.

 Una puntaltense en Buenos Aires,

Llegué a Buenos Aires en el año 2000 y mi primer barrio fue el querido Palermo viejo, con sus calles arboladas. Después me fui enterando que lo llamaban Palermo Hollywood, por la cercanía de algunos canales de televisión. Me deslumbraban los barcitos multicolores que no duraban mucho y menos después del 2001, iban y venían.

En el 2005 me vine a vivir a mi barrio actual, el muy porteño y nada pretencioso Almagro. Ubicado en el centro geográfico de la ciudad, me facilitó y lo sigue haciendo, el desplazarme en los medios de transporte públicos, subtes y colectivos, hacia toda la ciudad en períodos de tiempo bastante razonables. Almagro también con los años fue creciendo en la oferta de bares y algunos teatros independientes y tiene como epicentro el Parque Centenario, en donde convergen artesanos, libreros, puestos variopintos en su feria, personas de todas las edades en los fines de semana, bajo sus árboles o alrededor del lago central, murgas, una banda de jazz, espectáculos nocturnos en el anfiteatro, todo lo que lo convierte en un colorido lugar para compartir sin gastar un peso, si uno así lo desea. En el barrio abundan los comercios de cercanía, muchas verdulerías, carnicerías, panaderías, ferreterías, farmacias y por supuesto los supermercados, que facilitan las compras.

26 años en Buenos Aires me deberían haber aporteñado y así lo creí durante mucho tiempo. Sin embargo, en los últimos años me fue naciendo la morriña por mi ciudad natal, sus calles, sus plazas, su iglesia y su gente, aunque de mis amigos de aquélla época quedan muy pocos. Cuando vuelvo los busco como hacía antes, por el centro, pero no los veo, los comercios son distintos, solo perdura en mi memoria el perfume de la iglesia que me hace pensar en el agua bendita con el que uno se persigna al entrar. Tantas veces lo hice durante tantos años y lo sigo haciendo cuando voy y aunque sea entro unos minutos, buscando a esa niña, esa joven que un día se fue y que mucho tiempo después sigue preguntándose quién es y dónde está su hogar. Quizás, como un caracol, lo lleve en la espalda y así, mi lugar en el mundo esté en algún lugar de la ruta 3, yendo o viniendo en el trayecto entre Punta Alta y Buenos Aires.



lunes, 25 de mayo de 2026

 En estos tiempos en donde todos los días parecen ser iguales, sobreviven algunos simples rituales que nos hacen sentir que somos parte de algo mayor. Creo que algo de eso tiene el locro del 25, así como el del 1 de mayo. El locro, la empanada, el pastelito de dulce, que ya casi no hacemos en casa, porque vivimos solos o porque somos pocos de familia y que por eso se ofrece por doquier por toda panadería, rotisería o negocio de comida que se precie de ser tal. No nos quedan muchas cosas que nos den identidad y descreemos bastante de los que nos desean feliz día de la patria, en tiempos en donde está tan maltratada. Pero creo que muy adentro nuestro, sentados a la mesa, solos o en compañía, cuando comemos un buen plato de locro alimentamos la esperanza de que van a venir días más felices en algún momento, que el cielo va a escampar y que entonces tal vez brille de nuevo el sol del 25.

 En los tiempos de la virtualidad, las figuritas, esos pequeños papelitos o los más antiguos, de cartón o incluso chapitas, siguen generando emociones. Y así es cómo, mientras las nuevas generaciones buscan a Messi, los más viejos siguen buscando a tal vez una de las más difíciles, el codiciado jugador de Zaire Mukombo. Las figuritas se siguen intercambiando y de paso generan charlas y amistades. En los tiempos de las pantallas, esos queridos objetos alegran la vida de muchas personas mientras las buscan por los lugares más insólitos, soñando siempre con esa que tal vez nunca encuentren y que quizás ni saben que existe. Ese es el mayor misterio que los convoca.

https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/rafael-bitran-arqueologia/

 Así como existen los maestros, existen también los anti-maestros. Todos necesitamos en los distintos procesos de desarrollo de nuestra vida...