sábado, 22 de agosto de 2026

 De tanto caminar se le llagaron los pies y las piernas trastabillaron. Cayó de rodillas al llegar a la puerta de la ciudad. Buscó la fuente de agua más cercana, se mojó las manos y la cabeza y luego bebió como si nunca lo hubiera hecho antes. Y el agua le trajo el recuerdo de la infancia, de un patio con flores y de unas hamacas, el olor de la lluvia. Y entonces vio un charco que se iba agrandando, en el que se reflejaban los rostros de todos los que no estaban, de todos los que habían comido y bailado en ese patio, bajo las estrellas, de las velitas de los cumpleaños y del árbol de navidad, a lo lejos. Y así se quedó dormida al lado de la fuente, que seguía contando historias con un murmullo, las que a la mañana siguiente ella iría contando a los que se cruzara por otros caminos.

 La birome escribe letras en blanco, por más que lo intente no queda registro en el papel. Me esfuerzo por encontrar palabras e inventar historias, pero la nada las succiona antes de que nazcan. Se alimenta de ellas y crece hasta cobrar forma. Como nuestro doble nos imita, pero solo es un eco que nace desde la piedra de nuestra esencia. Roca que despierta en alguna estrella y nos alimenta.

 Era natural tener un patio con hamacas y flores con las que jugaba la imaginación, de tantos colores y nombres audaces y era natural tener una pelopincho en el fondo. Era natural tener una bicicleta rosa y cenar en una mesa plegable, bajo las estrellas. Era natural después buscar las Tres Marías y la Cruz del Sur y jugar a la escondida en la vereda, con los amigos del barrio. Era natural dormirse sabiendo que el verano seguiría al día siguiente y al otro, como seguirían estando las uvas y el parral. 

Pero no fue natural crecer, no es natural mirar todo desde lejos preguntándome si eso fue un sueño y si recién acabo de nacer, si recién llegué al mundo cargada de recuerdos que nunca existieron y que fabulé para darle un sentido a la mañana ausente, en que la birome escribe sin distinguir lo negro del blanco y solo veo una imagen borrosa en el espejo del tiempo que me pregunta quién soy.

lunes, 10 de agosto de 2026

 Si hay que ir al hueso de la escritura en el poema y sacar todas las palabras que están de más, también hay que ir al hueso de la existencia en la vida. En lo mínimo podemos vislumbrar la esencia de lo que estamos hechos, sentarnos al borde del tiempo para reposar y ser.

martes, 7 de julio de 2026

 Año a año, cuando llega el 21 de junio y charlo con mi mamá, por teléfono en general, me dice: a partir de ahora cada día es un poquito más largo. En un mundo en el que tenemos tan poco control sobre la mayoría de las cosas, la certeza de esa afirmación me da optimismo, cuando estoy un poco triste (tengan en cuenta que a esta altura de julio, ya estamos teniendo días ligeramente más luminosos).


jueves, 2 de julio de 2026

 Siento que la fluidez de la escritura a mano estructura de otro modo el pensamiento, comparado con lo que sucede con la escritura en la computadora. Nuestra letra va registrando, como un sismógrafo, el cauce de nuestras emociones. El trazo, el dibujo de las letras conecta con algo profundo y distinto al de las teclas. Claro que ese discurso puede ser caótico, desorganizado, repetitivo a veces y que para eso la computadora es irremplazable a la hora de organizar y corregir. Pero el acto físico de escribir en donde el pensamiento velozmente se descarga en el papel siento que tiene un trasfondo más intuitivo, si pudiera con esa palabra explicarlo. En un mundo virtual, dominado por pantallas y algoritmos ¿quedaremos todavía algunos escribas, como los egipcios o mesopotámicos, que acumulamos cuadernos en vez de tablillas de arcillas?

 Si hacemos una mirada retrospectiva a lo largo de nuestra vida, vemos archipiélagos de recuerdos en medio de un mar de espacios deshabitados. Cada tanto encontramos un ovillo que, como si fuera un pasaporte hacia el pasado, cuando lo desenrollamos lo trae de vuelta, para bien o para mal. A veces tenemos la tentación de cortar el hilo, definitivamente. Otras recuperamos como si fueran peces a las imágenes y las liberamos del anzuelo, para conservarlas. Como en una bifurcación infinita de caminos, cada decisión nos llevó a otra, fuimos audaces o temerosos ante las encrucijadas. Obstinadamente, tratamos de imaginar un mañana, mientras el mundo se abre bajo nuestros pies. La belleza nos convoca siempre en los rostros que encontramos a la vuelta de la esquina.

 De tanto caminar se le llagaron los pies y las piernas trastabillaron. Cayó de rodillas al llegar a la puerta de la ciudad. Buscó la fuente...