martes, 2 de junio de 2026

 Debería ser obligatorio, una vez a la semana al menos, no dormir y esperar el alba. Dejar que la sangre se despierte, soñar con todo lo que no podemos ser de día y hacer planes para cuando nos levantemos, hoy, mañana, la semana que viene. De noche todos los sueños parecen ser posibles, casi que pueden escucharse en el silencio y brillan como un árbol de navidad fuera de época para pedirnos que, de una vez por todas, saquemos un pasaje al otro lado del mundo y que mañana despertemos durmiendo en otra cama.

Debería ser obligatorio, una vez a la semana al menos, no dormir y esperar el alba. 

lunes, 1 de junio de 2026

 Trabajosamente, subo la escalera que lleva hasta el techo del mundo, llevando un banquito al hombro. Cuando llego, lo apoyo con cuidado en el piso y me subo despacio, para no caerme. Con el dedo voy señalando a un lado y al otro mientras hablo y explico cómo deben ser las cosas: esto por aquí y esto por allá; esto se puede y esto no; en aquél rincón un poco de orden y los del fondo se callan. Pero casi siempre, en algún momento, el banco tambalea, un hoyo se abre y caigo por un túnel hasta el centro del mundo. Me siento en el piso, agacho la cabeza y me juro a mí misma que no lo haré más.

Un tobogán baja desde el cielo en medio de la noche y nos dejamos caer, en medio del espacio, para volver a la luz que fuimos un día. El paraíso también está debajo nuestro.

 Muy dentro nuestro, todos tenemos nuestra pequeña colección de monstruos. Algunos más, algunos menos, pero todos los tenemos, sin excepción. Comandados por el monstruo jefe, viven el monstruo que se cree superior a todos los demás, el monstruo que llora por todo lo que le toca vivir, el monstruo que con tal de que lo quieran le dice a todo que sí y sonríe, tratando de que lo acepten. También existe un monstruo que perdió la confianza en la vida y se quiere morir y un monstruo que vive a la pesca de los monstruos de los demás, les abre la puerta de la casa y los deja entrar, entonces todo se vuelve imposible. Hay uno de ellos que es el vigía, cuando hay peleas toca la campana y los manda a todos para adentro, para mantener el orden. 

Seguramente hay muchos otros monstruos más que no conocemos, que salen muy de vez en cuando o no lo hacen nunca. Esos son los peores, porque en las noches de invierno suelen vagabundear adentro nuestro y no nos dejan dormir. Pero una vez, uno de ellos que se dejó ver un instante me dijo que son como niños que quedaron abandonados y que solo esperan que algún día los abracemos para volver a ser amigos. Nuestra casa es también la casa de nuestros monstruos y es mejor que los conozcamos porque, en el fondo, solo esperan que les demos un poco de cariño para volver a ser felices, aunque sea de a ratos, como suele ser la felicidad.




domingo, 31 de mayo de 2026

 Hoy papá hubiera cumplido 90 años. Mientras cocinaba un buen estofado, como le hubiera gustado, sonaba de fondo una de sus canciones favoritas, de los 70,  La chica de la boutique, que siempre lo hacía sonreír mientras daba unos tímidos pasitos de baile. Tal vez su esencia nos sobrevuele y desde algún lugar la escuche y lo siga haciendo alegrar como entonces. Ya sé que allí el tiempo no existe y que no se soplan las velitas, pero dejáme decirte, feliz cumpleaños pá.

jueves, 28 de mayo de 2026

INSTAGRAM

 Mi instagram: @claudia.azpilicueta,

para ver mis pinturas

 Hay días que son para pintar o dibujar y hay días que son para escribir. Escribir me ordena, a veces hago cuadros, gráficos, cronogramas, completo agendas, y otras escribo sin parar, sin saber de dónde vienen esas palabras que nos permiten comunicarnos, expresar lo que sentimos y por qué no, escondernos también. Y a veces sin proponerlo aparece un texto que quiero guardar, ahí, en medio del camino entre la birome y el papel, respira su primer aliento. Y a veces lo acompaño a crecer, lo alimento y lo cuido, como a un pequeño hijo, que siga viviendo cuando yo no esté y le cuente a alguien, quien una vez fui.

 Debería ser obligatorio, una vez a la semana al menos, no dormir y esperar el alba. Dejar que la sangre se despierte, soñar con todo lo que...