jueves, 2 de julio de 2026

 Si hacemos una mirada retrospectiva a lo largo de nuestra vida, vemos archipiélagos de recuerdos en medio de un mar de espacios deshabitados. Cada tanto encontramos un ovillo que, como si fuera un pasaporte hacia el pasado, cuando lo desenrollamos lo trae de vuelta, para bien o para mal. A veces tenemos la tentación de cortar el hilo, definitivamente. Otras recuperamos como si fueran peces a las imágenes y las liberamos del anzuelo, para conservarlas. Como en una bifurcación infinita de caminos, cada decisión nos llevó a otra, fuimos audaces o temerosos ante las encrucijadas. Obstinadamente, tratamos de imaginar un mañana, mientras el mundo se abre bajo nuestros pies. La belleza nos convoca siempre en los rostros que encontramos a la vuelta de la esquina.

miércoles, 1 de julio de 2026

 Hace unos días, alguien me dijo: "si hay que buscar una excusa para juntarnos, juntémonos para mascar chicle". Juntémonos en una plaza a cambiar figuritas, con la ilusión de llenar el álbum. No hay tantas cosas que conserven la ilusión de que a fuerza de magia y esfuerzo, las podamos alcanzar. Como en una calesita gigante, el mundo a veces nos esquiva la sortija, mientras seguimos dando vueltas, subiendo y bajando en nuestro caballito, sin perder las esperanzas. Mascando chicle y cambiando figuritas entre amigos, se puede hacer el intento de encontrarnos y que entre medio, se cuele alguna nueva historia para compartir. Poco importa en definitiva llenar el álbum, lo que importa es seguir caminando.

(Aclaro que este contenido, ni ninguno de los que publico, fue generado en ninguna de sus instancias por IA).

Ayer entró alguien a la librería de mi pareja y le dijo: "Tenés la paz del que se nota que desde hace un rato está leyendo un libro". Me pregunto entonces: ¿en qué se diferencia la paz del que está leyendo un libro de la paz del que en ese rato está mirando contenidos en el celular? En primer lugar, pensaría en que la lectura en las redes no es lineal, ya que vamos saltando de un tema a otro de temas que ni siquiera seleccionamos, porque para eso están los algoritmos que nos conocen tan bien. Por supuesto no voy a escribir sobre los distintos géneros que podemos leer, ya sea en papel o virtualmente: ensayos, ficción, poesía, entre otros, que influyen en nuestra forma de emocionarnos, entre otras cosas. Pero pienso en esa elección consciente del lector de un libro de seleccionar un contenido, para destinarle una lectura, sostenida en el tiempo, que exige concentración para ir apropiándose de ella y tal vez, en ese sentido, una posibilidad de que el tiempo transcurra más lentamente, como para darle tiempo al alma de que se detenga en un párrafo, en una idea, en una descripción, en una imagen de un poema. Y de que vuelva a releerlos incluso, como un modo de reinterpretarlos. 

No quiero caer en la remanida frase de que todo tiempo pasado fue mejor y que por lo tanto los nuevos tiempos no traen nada bueno. La llegada de la imprenta revolucionó a la humanidad y permitió una mayor difusión del conocimiento para todas las personas. Cuando realicé mi Magister en la Universidad Nacional del Sur, en el Departamento de Agronomía, visitaba frecuentemente la Hemeroteca para consultar las revistas científicas que se guardaban en enormes estantes de metal. Hoy esos artículos están fácilmente disponibles en las redes. En estos tiempos, estoy empezando a pensar en el futuro como en un tiempo que, más que exigirnos, nos pide, por nuestro propio bien, en pensar en que, a pesar de que se ve aparentemente todo muy acelerado y oscuro, tenemos posibilidades de crear lugares luminosos. ¿Cómo hacerlo? Sé que muchísimos me dirían que la respuesta está en crear comunidad, y coincido, pero la forma de hacerlo creo que es particular para cada uno/a de nosotros/as. Ya sea leyendo o escribiendo en las redes, leyendo o escribiendo libros como hicimos hasta ahora, dejar que nuestras raíces intercambien nutrientes, como lo hacen algunas plantas, para crear redes virtuales y sobre todo físicas, nutritivas y sustentables. Que compartan tanto información y/o reflexiones, como un plato de sopa, un buen guiso y sobre todo un abrazo, para quien lo necesite.

(Aclaro que este contenido ni ninguno de los que publico fue generado en ninguna de sus instancias por IA).

sábado, 27 de junio de 2026

 En química, la ley de conservación de la masa, de Lavoisier dice que, en un sistema cerrado, la masa de los reactivos es igual a la de los productos que se generan en una reacción determinada. Nuestro planeta es un sistema abierto, pero si pensamos en los recursos naturales, nuestros reactivos, fundamentalmente el suelo, de donde proviene nuestro alimento, en nuestro rol de consumidores de la cadena alimentaria, se agota. Necesita tiempo de descanso entre cultivos, para permitir que los ciclos bio-geoquímicos de los nutrientes se complete, la degradación del carbono, del nitrógeno, fósforo, entre otros. Toda nuestra riqueza proviene del suelo, ya que de él se nutren los vegetales, de ellos los animales y finalmente nosotros, la especie humana. Todo proviene del suelo y todo vuelve al suelo, incluso nosotros. Del polvo vienes y al polvo volverás. Esa es nuestra riqueza. El suelo y el agua, la dadora de vida, el medio en el que se originó la vida, hace 4.000 millones de años, en los mares. El agua que compone el 70% de nuestro organismo, sin la cual no podemos vivir. La tierra y el agua. Y los bosques y las selvas, los pulmones del planeta en donde se sintetizan las mayores cantidades de celulosa y los generadores del oxígeno que respiramos, mediante la fotosíntesis. La tierra, el agua, las plantas. Y los microorganismos, los responsables de la degradación de la materia orgánica, pero que no pueden degradar las enormes cantidades de plásticos que se liberan al medio ambiente. Y los antiguos fósiles generando hidrocarburos, fuentes de energía no renovables, contaminantes y que se agotan. Y los minerales, desde las entrañas de las montañas, el litio, de las salinas y nuevamente el agua, entre otras cosas consumida por la Inteligencia Artificial, la misma que está transformando nuestro mundo. Generar un texto de 100 palabras en Chat GPT equivale a consumir medio litro de agua, porque los servidores que operan en centros de datos generan cantidades masivas de calor al realizar los miles de cálculos necesarios para cada respuesta (fuente: National Geographic España). Consume ese agua que, entre otras cosas viene de los glaciares, ese agua que se usa para hacer fracturación hidráulica o fracking (inyectar agua a presión para extraer gas natural y petróleo de yacimientos no convencionales) y además la contamina, porque genera fugas químicas, libera metano, que como corolario contribuye al calentamiento climático. Seguro que algo se me olvida, por eso repaso: el suelo, el agua, el aire, ¿qué más? Hoy en algunos lugares se realizan fogatas, celebrando la pasada Noche de San Juan. Hace días fue el solsticio, el día en que pueblos andinos como los mapuches, esos que fueron desalojados de sus tierras, celebran el inicio del año, el punto de retorno del sol, que regresa de la más plena oscuridad. ¿Estaremos en camino como humanidad a la oscuridad más plena, podremos seguir viendo cómo oscurece confiando en que algún día vuelva a amanecer? ¿Podremos encender algunas fogatas en medio de la noche para darnos calor y abrigo? Compartir lo que somos y tenemos, como sea. Compartir sobre todo la esperanza.



 Di-vertirse o dis-traerse, contienen en su palabra, los prefijos di o dis, que etimológicamente vienen del verbo latín divertere, que significa "separarse o llevar por varios lados". También podríamos decir entonces que significa "girar en dirección opuesta o apartarse del camino". La pregunta sería ¿de qué camino nos apartamos? ¿De qué nos estamos separando? No será que nos estamos apartando de nosotros mismos, para evitar formularnos alguna que otra pregunta, que nos perturbe o incomode?

 Hubo un tiempo en que fuimos niños/as, en los que las estrellas se caían del cielo, en donde las flores eran gigantes y los aviones se idolatraban. En esos tiempos dibujábamos como respirábamos, sin pensar y con una decisión que hoy quisiéramos, con una ciega confianza de que nuestros trazos nos representaban y las maestras nos preguntaban ingenuamente qué eran, como si los dibujos no hablaran por sí mismos. Mis 4 años siguen hablando desde lejos, por eso los copio, como si quisiera recuperar un poco de mi antigua sabiduría infantil.



viernes, 26 de junio de 2026

 Hay veces en las que me quedo sin palabras, entonces solo me queda ir hacia la pintura para reencontrarme. Hay veces en las que camino a ciegas en la oscuridad, entonces escribo para poner luz donde no la hay, límites claros, construyo estructuras de ideas que me sostienen, cuando todo cae. La escritura me da grandes satisfacciones, cuando logro exteriorizar lo que ni sabía que pensaba y que, al verlo escrito, aumenta mi grado de conciencia, creo. Pero siempre vuelvo a la pintura, porque ella es la que representa la pasión, el inconsciente más puro, el desborde, como es el desborde de la vida, que uno trata de encauzar y se va de la línea, del trazo. Una construye una casita, un rostro sonriente que cuando los observa están muertos, vacíos. Y en el momento más inesperado, una mancha, un chorreado, un trazo inesperado que recorre el cartón de punta a punta, disuelven un mundo para que se pueda volver a empezar. Destruir para renacer. Quizás en la vida sea riesgoso, pero ella se encarga de eso. Como el Dios Shiva, de los hindúes, que danza y destruye mundos, en la pintura a veces hacemos lo mismo, destruimos, arrasamos para que algo nuevo emerja. Lo nuevo será inesperado o no será nada. No sabemos qué es de antemano. Solo nos entregamos al misterio del pincel que recorre la hoja de lado a lado y la puebla de colores que gradualmente le van dando sentido. Y de a poco, vamos comprendiendo que esa pequeña gran historia se cierra y la vamos abandonando, para que pueda nacer otra.

 Si hacemos una mirada retrospectiva a lo largo de nuestra vida, vemos archipiélagos de recuerdos en medio de un mar de espacios deshabitado...