Mi instagram: @claudia.azpilicueta,
para ver mis pinturas
Hay días que son para pintar o dibujar y hay días que son para escribir. Escribir me ordena, a veces hago cuadros, gráficos, cronogramas, completo agendas, y otras escribo sin parar, sin saber de dónde vienen esas palabras que nos permiten comunicarnos, expresar lo que sentimos y por qué no, escondernos también. Y a veces sin proponerlo aparece un texto que quiero guardar, ahí, en medio del camino entre la birome y el papel, respira su primer aliento. Y a veces lo acompaño a crecer, lo alimento y lo cuido, como a un pequeño hijo, que siga viviendo cuando yo no esté y le cuente a alguien, quien una vez fui.
No pinto flores. No pinto caballos. No pinto paisajes. Si aparecen siluetas es porque se colaron entre los trazos y pinceladas y vienen de quién sabe dónde, probablemente desde algún lugar oscuro de mi inconsciente, que ellas vienen a revelar.
Pinto, como leí por ahí, mis conmocionados estados internos. Más o menos regulados.
Hay días que son de líneas rectas o curvas, de puntillismos, de grafismos, de actitudes meditativas.
Hay días oscuros, como los de la tinta china y la carbonilla, a los que los pasteles de colores suavizan.
Y siempre vuelvo al acrílico, como a una agua conocida en la que me sumerjo para renacer.
Pintar, dibujar, es pensar en definitiva. Es pensar sin palabras, es ver lo que uno piensa en una imagen, en un gesto, es dejarse llevar por la emoción y tratar de volver al equilibrio. Es descargarse y mantener los límites. Es dar un salto al vacío, cuando no hay red, para descubrir de pronto que se puede volar, y no lo sabíamos.
Así como existen los maestros, existen también los anti-maestros. Todos necesitamos en los distintos procesos de desarrollo de nuestra vida, personas que nos inspiren, que crean en nosotros y que nos estimulen a dar como consecuencia lo mejor que tenemos. En definitiva, crecimos y crecemos junto a ellos, simplemente porque nos valoraron y nos dieron la libertad y la confianza para desarrollarnos. Desde nuestras maestras o profesores de la infancia y la adolescencia, nuestros jefes en nuestros diversos trabajos, nuestros maestros en las diversas artes que cultivamos, todos ellos contribuyeron a que podamos ser lo que hoy somos. De corazón les deseo que hayan encontrado al menos un par de ellos, porque son los que nos allanaron el camino. Y por eso, a ellos, gracias totales.
Parece a veces "art brut" o arte marginal, pero no lo es. Son los Diarios 2000-2025 de Guillermo Kuitca, (ArtHaus, CABA, del 28/04/26 L 30/08/26).
El artista trabaja en su mesa de jardín en esta especie de diario de geometrías, rayones y monigotes, como dice el catálogo de la muestra, y nos comparte algo así como la cocina de su proceso creador, las horas y horas de trabajo durante 25 años, en las que frente a su mesa plasmó su interioridad, una actividad idiosincrática que en algún momento devino "obra".
Contemplarla creo que inevitablemente genera alegría.
Transcribo un fragmento del texto del catálogo de los Diarios 2000-2025, de Guillermo Kuitca ( 28/04/26 al 30/08/26, en Arthaus, Bartolomé Mitre 434, CABA), redactado por Andrés Buhar y Virginia Castro.
"Un dibujo que habita cierta zona de la producción plástica de los creadores del bautizado por Jean Dubuffet como "art brut", los cuales, desde las antípodas de las instituciones, el mercado, los sistemas de validación y los ismos vigentes, causarían una verdadera revolución involuntaria en el arte de la segunda mitad del siglo XX.
Primera aclaración: el arte bruto no es un movimiento artístico, ni un género, ni un estilo, sino más bien la exteriorización inevitable de las conmociones más profundamente interiores de determinada clase de individuos. Segunda: si bien algunos de los creadores brutos están efectivamente "locos", en su mayor parte han sido simplemente marginalizados por el resto de la sociedad. Tercera: los creadores del arte bruto no son conscientes del impacto de sus propias producciones, que abarcan la pintura, la escultura, el ensamblaje, el tejido, la costura, el bordado, el dibujo, la arquitectura y la autoedición artesanal. Cuarta: el arte bruto siempre fue teorizado y valorizado por artistas y críticos pertenecientes al canon del arte y ya hace décadas que es exhibido en pie de igualdad junto al arte moderno y contemporáneo. Quinta: los creadores del arte bruto carecen de "proyecto", no se miden con otros artistas ni se interesan (salvo raras excepciones) por el destino y la mercantilización de sus producciones dentro del mercado del arte. Sexta: el concepto de arte bruto implica la exploración de algo inédito, pretende nada menos que subvertir la grilla de categorías existentes, difundir una idea "otra" del arte".
Como en una escena conocida de Nothing Hill, una vez me sentí Julia Roberts frente a Hugh Grant, diciéndole "solo soy una chica enfrente de un chico". Fue cuando una noche de verano, Gustavo Cerati pasaba caminando abrazado con su novia de entonces (a principios de los 2000) por la vereda en penumbras de mi departamento en Palermo Viejo, mientras yo entraba y durante un instante que para mí fue eterno, nos miramos con curiosidad (o eso me digo a mí misma, ingenuamente). Una chica enfrente de un chico, separados por un millón de años luz, que lo siguen haciendo.
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