jueves, 18 de junio de 2026

 Cuando recién vine a vivir a Buenos Aires, veía desde el colectivo muchas casas muy lindas, que tenían en las ventanas unas hermosas cortinas blancas, bordadas. Esas cortinas eran para mí el símbolo de acceso a un mundo superior, al que yo no pertenecía, pero al que intuía oscuramente que algún día iba a llegar. Y mi preocupación era entonces: ¿sería capaz de adornar mis ventanas con esas cortinas blancas, tan primorosas? ¿Adónde las conseguiría? Pensaba una y otra vez que las madres les transmitían ese secreto a sus hijas, la forma de conseguir cortinas adecuadas para sus elegantes ventanas, como una característica de distinción.

Muchos años después sonrío cuando sigo viendo las blancas cortinas. Nunca llegué a pertenecer a ese mundo refinado y hoy en día estoy lejos de querer hacerlo. La vida nos va transformando en aquello que siempre fuimos y que no quisimos ver, no supimos ver, no pudimos ver. Mis ventanas tienen cortinas que se asoman a un mundo tan propio que no sabría definirlo, más que con intentos de dibujos y poemas. La miseria y la gloria me habitan, como a la mayoría de los humanos.

 Creo que el que no se maravilla por la Ciencia es porque no se la explicaron bien. Ella es una buscadora incansable, una mano que intenta abrir el cielo, que construye escaleras con explicaciones para alcanzarlo. Fabrica andamios sobre los que hombres y mujeres caminamos.

He olvidado las tardes en las que resolvía Ecuaciones Matemáticas, ese mundo seguro en el que me podía refugiar. La Biología me habló del misterio de la Vida y la Muerte y le escapé a la Historia por no ver pelear a los hombres. La Química me desintegró como a un átomo y me dio conciencia del vacío que habitamos, poblado de partículas vibratorias.

Si se trata de explicar y explicar, para entender, lo primero que tenemos que entender es que nunca la Ciencia va a dejar de buscar y de intentar construir nuevo conocimiento con los recursos que tiene a mano. Los instrumentos son los que paradójicamente la limitan. Si tuviéramos un telescopio lo suficientemente poderoso podríamos acercanos a los orígenes de nuestra Historia Cósmica, quién sabe si algún día llegáramos a ver el Bing Bang. Pero mientras tanto, seguimos enfrentándonos al Amor, a la Muerte, al misterio de la flor que surge en medio del cemento y no sabemos de dónde viene, a la Fuerza que impulsa el germen de la semilla.

En mi caso, a través del camino del arte y la poesía, en un momento de mi vida, empecé a construir lentes, microscopios para mirar adentro mío y traer a la superficie visiones de los otros mundos que están en este. Machado, en sus poemas, como cantaba Serrat, decía que amaba los mundos sutiles, como pompas de jabón. Creo que estamos rodeados de mundos sutiles, que habitamos mundos sutiles, a los que nuestra querida y perseverante Ciencia aún no ha llegado. Sigue y sigue en sus intentos, mientras los poetas y los artistas, tratamos de cantarle al Amor y a la Belleza que esconde el Universo, en medio de sus misterios.


 El solsticio de invierno en el Hemisferio Sur (y verano en el Hemisferio Norte) de 2026 será el domingo 21 de junio a las 05:24 (Hora Oficial Argentina). Este evento astronómico marca la noche más larga y el día con menos horas de luz del año para Argentina (fuente, Servicio de Hidrografía Naval).

Si bien el momento preciso es ese, todos estos días ya tienen la característica del solsticio. A algunos de nosotros/as nos envuelve esa modorra especial, ese querer volver a casa temprano, porque ya es de noche, o si es posible no salir, cocinar platos de invierno, sopas y guisos, encender velas como si su luz nos diera más calor para estas noches frías, a falta de poder encender un buen fuego para calentarnos y sentarnos alrededor a contar historias. Es un momento especial del año que llama a detenernos, a percibir lo qué sucede cuando la luz se aleja y se hace el silencio, cuando todo parece terminar y morir, o al menos dormir, como si ese dormir fuera una muerte transitoria de la que resucitaremos este domingo, unos segundos después del solsticio, festejando como los pueblos originarios el inicio de un nuevo año solar, lleno de promesas. Ninguna metáfora nos pinta tan bien la resurrección como el momento del solsticio, la esperanza de renacer desde la más profunda oscuridad. Como diría el Indio Solari: "cuando la noche es más oscura, se viene el día en tu corazón".



martes, 16 de junio de 2026

Permanecer como un niño, abiertos al asombro. Solo desde el extremo vacío puede nacer lo que buscamos, eso que nos completa, aunque sea de a ratos. Contemplar la vida con la mezcla suficiente de respeto y curiosidad como para que esto suceda, como miramos al mago sacar un conejo de la galera aunque no creamos ni en los conejos ni en las galeras, solo en el mago que todos escondemos.

lunes, 15 de junio de 2026

 Esa manía de andar con cuadernos y libretas para todos lados, anotando al pasar las imágenes y las ideas para que no se escapen. Ese buscar todo el tiempo lo que se esconde detrás de los trazos y los colores, de amontonarlos con un sentido desconocido que ellos revelan, como si tuvieran vida propia, voluntad, independencia. Esa obsesión por pintar una y otra vez lo mismo pero distinto, como si me diera una señal, una respuesta, algo de paz en la tormenta, una promesa, una advertencia, un abrazo de tinta que aleje el insomnio.

miércoles, 10 de junio de 2026

 La luz que hiere, como si doliera el blanco, el símbolo de lo absoluto, la perfección que no alcanzamos. Siempre vuelve el negro con su extraña belleza, lo incorporamos y aparecen otros colores que brillan, iluminan. Y el blanco hace un nuevo intento, que a veces es fallido. No sé quién gana la batalla, la luz y la oscuridad  juegan entre sí indefinidamente, inevitablemente.



martes, 9 de junio de 2026

 Elaboramos relatos de nuestra vida. Nos contamos historias en donde alternativamente somos vencedores o perdedores, según el momento. Ni tan dioses ni tan demonios, ni tan príncipes ni tan mendigos, ni tan locos ni tan cuerdos, nuestras palabras se estrellan como las olas contra los murallones de la costa intentando en vano definirnos, una y otra vez.

 Cuando recién vine a vivir a Buenos Aires, veía desde el colectivo muchas casas muy lindas, que tenían en las ventanas unas hermosas cortin...