sábado, 27 de junio de 2026

 En química, la ley de conservación de la masa, de Lavoisier dice que, en un sistema cerrado, la masa de los reactivos es igual a la de los productos que se generan en una reacción determinada. Nuestro planeta es un sistema abierto, pero si pensamos en los recursos naturales, nuestros reactivos, fundamentalmente el suelo, de donde proviene nuestro alimento, en nuestro rol de consumidores de la cadena alimentaria, se agota. Necesita tiempo de descanso entre cultivos, para permitir que los ciclos bio-geoquímicos de los nutrientes se complete, la degradación del carbono, del nitrógeno, fósforo, entre otros. Toda nuestra riqueza proviene del suelo, ya que de él se nutren los vegetales, de ellos los animales y finalmente nosotros, la especie humana. Todo proviene del suelo y todo vuelve al suelo, incluso nosotros. Del polvo vienes y al polvo volverás. Esa es nuestra riqueza. El suelo y el agua, la dadora de vida, el medio en el que se originó la vida, hace 4.000 millones de años, en los mares. El agua que compone el 70% de nuestro organismo, sin la cual no podemos vivir. La tierra y el agua. Y los bosques y las selvas, los pulmones del planeta en donde se sintetizan las mayores cantidades de celulosa y los generadores del oxígeno que respiramos, mediante la fotosíntesis. La tierra, el agua, las plantas. Y los microorganismos, los responsables de la degradación de la materia orgánica, pero que no pueden degradar las enormes cantidades de plásticos que se liberan al medio ambiente. Y los antiguos fósiles generando hidrocarburos, fuentes de energía no renovables, contaminantes y que se agotan. Y los minerales, desde las entrañas de las montañas, el litio, de las salinas y nuevamente el agua, entre otras cosas consumida por la Inteligencia Artificial, la misma que está transformando nuestro mundo. Generar un texto de 100 palabras en Chat GPT equivale a consumir medio litro de agua, porque los servidores que operan en centros de datos generan cantidades masivas de calor al realizar los miles de cálculos necesarios para cada respuesta (fuente: National Geographic España). Consume ese agua que, entre otras cosas viene de los glaciares, ese agua que se usa para hacer fracturación hidráulica o fracking (inyectar agua a presión para extraer gas natural y petróleo de yacimientos no convencionales) y además la contamina, porque genera fugas químicas, libera metano, que como corolario contribuye al calentamiento climático. Seguro que algo se me olvida, por eso repaso: el suelo, el agua, el aire, ¿qué más? Hoy en algunos lugares se realizan fogatas, celebrando la pasada Noche de San Juan. Hace días fue el solsticio, el día en que pueblos andinos como los mapuches, esos que fueron desalojados de sus tierras, celebran el inicio del año, el punto de retorno del sol, que regresa de la más plena oscuridad. ¿Estaremos en camino como humanidad a la oscuridad más plena, podremos seguir viendo cómo oscurece confiando en que algún día vuelva a amanecer? ¿Podremos encender algunas fogatas en medio de la noche para darnos calor y abrigo? Compartir lo que somos y tenemos, como sea. Compartir sobre todo la esperanza.



 Di-vertirse o dis-traerse, contienen en su palabra, los prefijos di o dis, que etimológicamente vienen del verbo latín divertere, que significa "separarse o llevar por varios lados". También podríamos decir entonces que significa "girar en dirección opuesta o apartarse del camino". La pregunta sería ¿de qué camino nos apartamos? ¿De qué nos estamos separando? No será que nos estamos apartando de nosotros mismos, para evitar formularnos alguna que otra pregunta, que nos perturbe o incomode?

 Hubo un tiempo en que fuimos niños/as, en los que las estrellas se caían del cielo, en donde las flores eran gigantes y los aviones se idolatraban. En esos tiempos dibujábamos como respirábamos, sin pensar y con una decisión que hoy quisiéramos, con una ciega confianza de que nuestros trazos nos representaban y las maestras nos preguntaban ingenuamente qué eran, como si los dibujos no hablaran por sí mismos. Mis 4 años siguen hablando desde lejos, por eso los copio, como si quisiera recuperar un poco de mi antigua sabiduría infantil.



viernes, 26 de junio de 2026

 Hay veces en las que me quedo sin palabras, entonces solo me queda ir hacia la pintura para reencontrarme. Hay veces en las que camino a ciegas en la oscuridad, entonces escribo para poner luz donde no la hay, límites claros, construyo estructuras de ideas que me sostienen, cuando todo cae. La escritura me da grandes satisfacciones, cuando logro exteriorizar lo que ni sabía que pensaba y que, al verlo escrito, aumenta mi grado de conciencia, creo. Pero siempre vuelvo a la pintura, porque ella es la que representa la pasión, el inconsciente más puro, el desborde, como es el desborde de la vida, que uno trata de encauzar y se va de la línea, del trazo. Una construye una casita, un rostro sonriente que cuando los observa están muertos, vacíos. Y en el momento más inesperado, una mancha, un chorreado, un trazo inesperado que recorre el cartón de punta a punta, disuelven un mundo para que se pueda volver a empezar. Destruir para renacer. Quizás en la vida sea riesgoso, pero ella se encarga de eso. Como el Dios Shiva, de los hindúes, que danza y destruye mundos, en la pintura a veces hacemos lo mismo, destruimos, arrasamos para que algo nuevo emerja. Lo nuevo será inesperado o no será nada. No sabemos qué es de antemano. Solo nos entregamos al misterio del pincel que recorre la hoja de lado a lado y la puebla de colores que gradualmente le van dando sentido. Y de a poco, vamos comprendiendo que esa pequeña gran historia se cierra y la vamos abandonando, para que pueda nacer otra.

Que los sistemas educativos están en crisis no es novedad, así como que en los programas que se están implementando ya no se les da importancia a las humanidades, sino fundamentalmente a lo utilitario o incluso que se llegan a orientar en algunos casos a la educación financiera. ¿Pero adónde se adquirirán las facultades para que los jóvenes puedan ser capaces de comprender a este mundo en transición? ¿Es en las redes en donde encontrarán respuestas? ¿Las bibliotecas serán museos, recuerdos del pasado? ¿Los algoritmos nos dirán qué y cómo pensar (aunque no nos sepan responder el para qué)? ¿A qué algoritmos alimento con mis textos? No deja de inquietarme, aunque confío en que resuenen en algún corazón despojado de silicio, que tal vez pueda conmoverse cada tanto, aunque esté en silencio detrás de la pantalla.

 En el mundo en donde cayeron las estructuras, en donde se disolvieron las instituciones, en un mundo líquido, como diría Zygmunt Bauman, en un mundo atomizado, ¿cómo se las ingeniarán las personas para sobrevivir?. ¿Podrán sortear las epidemias de salud mental que nos amenazan, debido a la falta de contención familiar, laboral, entre otras? ¿O los niños y jóvenes que nacen en este nuevo mundo se van adaptando naturalmente a estos tiempos convulsos, a fuerza de no conocer otros? ¿Seremos los adultos y sobre todo los mayores, a los que nos está resultando más traumática la transición? Y cuántos años durará esta? Cien, doscientos, trescientos? ¿Será la era de la volatilidad la que estudiarán en el futuro, esa en la que el mundo se movió debajo de nuestros pies y en las que tuvimos que aprender a nadar para sobrevivir cuando ya nada nos sostenía. Los niños que nacen, ¿son los niños peces, los naturales de la sociedad líquida? ¿Su psique lo resistirá o ya nacerán con branquias mentales, para respirar bajo el agua de las profundidades que los terrestres no conocemos?

 Podría citar a varias personas, entre ellas al Indio Solari (en Juguetes perdidos), cuando canta que "cuando la noche es más oscura, se viene el día en tu corazón". O a citar a la cineasta Lucrecia Martel, cuando en alguna entrevista nos llama a exprimir la imaginación, porque cuando la oscuridad es tan evidente, cuando las máscaras se cayeron, paradójicamente es más posible salir del engaño en donde estábamos y comenzar a pensar en alternativas, que aunque nos parezcan disparatadas, podrían ser posibles, porque cuando ya no queda nada en pie, hay que aprender de nuevo a hacer fuego con dos piedritas, o tal vez cocinemos de otra manera. Por lo pronto, parece que hay que cocinar en nuestra mente las nuevas ideas que nos permitan habitar un futuro, en donde, cientos de miles de personas quedan cada vez más marginadas y en donde los gobiernos siguen expoliando el planeta, como  si fuera una naranja a la que tratan de sacarle hasta la última gota de jugo que le queda. Total, qué importa lo que sigue y el mundo que les dejaremos a las nuevas generaciones, a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Imaginar un futuro distinto es urgente, aunque imposible hacerlo de un día para el otro. Muchos de nosotros no lo veremos, pero, entre otras cosas, podemos intentar dedicarnos a pensarlo, de a uno, de a dos, de a tres, de a muchos, cada cual como pueda pero haciendo algo.

 En química, la ley de conservación de la masa, de Lavoisier dice que, en un sistema cerrado, la masa de los reactivos es igual a la de los ...