domingo, 20 de septiembre de 2026

 Uno puede ser un lugar para el otro, un sitio adonde estar. En un hipotético mundo vacío, un otro es un lugar disponible para habitar, aunque sea por un rato, y viceversa. Una casa que se levanta en medio de la nada, mediante un pacto. Desde la soledad que nos constituye, un otro nos permite de a ratos olvidarla. Estar en el otro es otro modo de estar en la vida. Con sus alternancias. El silencio al que volvemos como lo hace la música en la melodía para  diferenciarnos, es absolutamente necesario. Estamos en el otro porque y solo porque podemos estar en nosotros mismos al mismo tiempo. Si no, el otro nos aliena, nos consume. Estar en la vida y estar en el otro sucede a veces, el respeto a la intimidad lo hace posible y hace posible la convivencia.

 Mi abuelo materno era socialista, "Jesucristo fue el primer socialista", me decía, con una sonrisa seria cuando recibía "La Vanguardia". Mi abuela paterna era descendiente de pueblos originarios y silenciosa como ellos. De mi abuelo paterno, el Azpilicueta navarro, me llega un legado de tradiciones católicas que si bien no practicaba, en algún rincón del ADN traía y se remontaba hasta el jesuita San Francisco Javier. De mi abuela materna, la que partió más pronto, me queda el color del pelo y la costumbre de cantar cada tanto, cuando nadie me escucha. De esa mezcla vengo, de una biblioteca materna y de ese aire despreocupado paterno de ir silbando bajito, de un lado al otro. Él miraba al patio del fondo como si fuera el horizonte mientras tomaba mate, como yo miro desde la ventana a los edificios, confundiéndolos con el mar. Dejo pasar el tiempo y mis pies juegan a atravesar los once pisos que me separan de la tierra de donde vengo. Una golondrina canta cerca de mi ventana y me recuerda que llega la primavera.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

 Leí hace tiempo sobre la magia que tiene que algo esté cubierto de musgo. Que el musgo crezca puede parecer una señal de abandono, pero también puede ser el tiempo en el que algún proceso se detiene y reposa. No hay apuro. Todo está inmóvil y por eso crece el musgo, como una señal de la paz, de la serenidad, de que no hay apuro por hacer. Anti-productividad. Musgo. Reposo. La naturaleza respira y crece imperceptiblemente alimentándose de lo mínimo y cubre los espacios que abandonamos o que esperan un nuevo comienzo. Dejar que el musgo crezca. No siempre hay urgencias. Esa es la enseñanza que él nos deja.

 La casa de mi infancia estuvo muchos años cerrada. Tantos en los que hubo un verano en el que, al asomarme a su puerta, vi a una planta que había crecido delante de ella. Era un signo de que nadie la había atravesado en mucho tiempo. Con un poco de desconfianza por ver con lo que me iba a encontrar y con mucho de pena por la planta, abrí con cuidado la puerta, que estaba cerrada con llave. Inmediatamente vi que desde la cocina se veía el movimiento de unas deterioradas cortinas, cuando empezó a circular el aire de extremo a extremo y percibí que esa brisa era fresca y amigable. Los muebles viejos y los objetos de la infancia se amontonaban por las habitaciones, en forma desordenada pero sin embargo apacible. Volví a cerrar la puerta y, con el tiempo seguí pensando con ternura en esa pequeña casa, que tanto nos había cobijado. Y fue así como hubo un día en el que conseguimos acrílicos de colores y con mi hermana pintamos un montón de soles en el lado de afuera de las paredes, en el lateral y en el frente. Y con aerosoles grafitteamos el piso de cemento del patio. Y tiempo después, pedimos un contenedor y un día de invierno de mucho sol la vaciamos y sacamos casi todo al patio, lo clasificamos y tiramos lo que no servía. Y después limpiamos la casa por dentro. Prendimos velas, palo santo y nos sentamos a descansar mientras tomábamos mate. La historia siguió y hoy vive mi hermana en ella. Las habitaciones se resignificaron, pero siguen estando el laurel y el naranjo en el patio de atrás, bajo cuya sombra la casa descansa y sigue latiendo con su corazón pequeño y amoroso.

lunes, 14 de septiembre de 2026

Hay personas que viajan por el mundo externo. Recorren países, van de un lado al otro y esa es su forma de vida . Otros, nunca nos cansamos de viajar por nuestro mundo interno, con sus infinitos paisajes. Nuestra brújula va hacia adentro y siempre encontramos, con el tiempo, nuevos lugares que nos sorprenden. Una posibilidad intermedia es la que tienen los que viajan por ambos. Y así lo exterior enriquece a lo interior, al complejizarlo. Y lo interior, como un prisma, transforma la mirada. Cada cual sabe adónde se ubica, según su naturaleza y sus posibilidades.

domingo, 13 de septiembre de 2026

 Necesitamos escuchadores. Personas con la naturaleza del agua, que reciban las palabras del otro sin juzgar. Sin opinar ni aconsejar. De la propia madeja que se desenrolla en la escucha generosa, puede surgir algo nuevo e inesperado para ambos. Hace falta hacer silencio para que la palabra del otro se despliegue y, al escucharse a sí mismo, encuentre quizás alguna respuesta.

sábado, 12 de septiembre de 2026

 En disciplinas orientales, como el Tai Chi, se trabaja con algunos ejercicios en la alternancia del suspender y el sedimentar. Incluso existe la hermosa postura del extremo vacío, algo difícil de percibir si uno/a no tiene alguien formado/a que se lo transmita en persona. Algo de eso queda en mi cosmovisión y trato de trabajarlo desde hace tiempo: la alternancia entre la acción y la calma, entre el movimiento y la serenidad, ambos necesarios y complementarios. En tiempos de aceleración y distracciones continuas, ser conscientes de esto creo que puede ayudarnos a encontrar un centro y a no quedar atrapados/as en ninguno de los dos extremos. Es peligroso tanto el agotarse en la acción como el paralizarse en su contrario, la inmovilidad, que puede llevarnos a la depresión. La ansiedad y la depresión son las dos caras de la misma moneda, la incapacidad de conectarnos y estar en paz. Creo que entrenar entre estos dos estados, movernos, suspender, pero periódicamente sentarnos a respirar, a no hacer nada, a contemplar, a sedimentar como dice el Tai Chi, puede hacernos mucho bien.

 Uno puede ser un lugar para el otro, un sitio adonde estar. En un hipotético mundo vacío, un otro es un lugar disponible para habitar, aunq...