Hace muchos años (sería aproximadamente a principios de los 80), recuerdo haber leído una de las tiras de Caloi, en donde su personaje Clemente, protestaba por la existencia de las aceitunas rellenas; según él, bastaba con que disfrutáramos de las originales. Y yo coincidía y lo sigo haciendo. Me desespera cada vez más, desde aquéllas épocas, la aparición de infinitas variedades de los infinitos productos que se venden en las góndolas y pienso en cuánto tiempo valioso mucha gente pierde eligiendo tal vez la mejor combinación de yogur, con frutas diversas o cereales, galletitas de todo tipo y color, mayonesas, etc. La industria no tiene límites en diseñar numerosísimos productos con tal de incrementar las ventas y así es como ya casi ni le sentimos el sabor a una ensalada de zanahorias. Gastamos nuestro tiempo en el supermercado (el poco que tenemos). Claro que no me olvido de los que no tienen acceso a estos lujos. Y deben conformarse directamente con las marcas más económicas (en el mejor de los casos que tengan el dinero suficiente para comprarlas). El mercado no descansa, recomiendo la película "Ruido de fondo", de Netflix, para seguir pensando estas cuestiones.
viernes, 23 de enero de 2026
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