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lunes, 31 de agosto de 2026

 Interpretamos el mundo que ven los demás desde nuestra realidad psíquica. Pero no sabemos cuáles son las vivencias, las historias, los secretos más íntimos que condicionan su manera de hacerlo, con infinitos matices. Creemos, en nuestra soberbia, saber quién es el otro y por eso lo juzgamos. Pero el otro es un misterio incluso para sí mismo, así como nos pasa a nosotros. Ojalá pudiéramos dejar de interpretar, de explicar, de analizar, para simplemente conectar y abrirnos al encuentro en donde los dos creamos algo nuevo, único, porque todo vínculo nos transforma. En una danza alquímica, millones y millones de vínculos creamos y sostenemos el mundo del que somos parte.

 En las plazas o detrás de las ventanas de los cafés, el tiempo parece transcurrir más lento. La mirada se pierde mientras el pensamiento vaga, con una atención distraída. Hay una etapa de la vida, cuando nos jubilamos, en la que entramos en un territorio desconocido. Por todos lados nos alarman, preguntándonos qué proyectos tenemos, qué vamos a hacer y nos dan muchas recomendaciones, por las dudas. Sin embargo, una vez que nos vamos adentrando en esas aguas, vamos desarrollando una mirada aún más contemplativa de la vida. Y los pájaros muchas veces son nuestros maestros, en plazas y parques, o aún en las ventanas. Caminamos más lento porque cada imagen puede ser descubierta en un nuevo detalle. Y así, el mundo se amplifica desde lo más pequeño, aunque aparentemente, solo estemos dando una vuelta a la manzana.

domingo, 30 de agosto de 2026

 Sobre los verbos ser, estar y hacer

Creo que en las sociedades actuales está sobrevalorado el verbo hacer, que denota la actividad, la productividad, el movimiento. Aunque estemos sentados mirando el celular estamos haciendo algo. No sé si tenemos tanta conciencia de la importancia del estar, de estar en algún lugar, en una habitación o en el exterior sin hacer nada, estar siendo parte del lugar, abiertos a lo que surja. Y no me refiero con esto a que nos concentremos en la respiración, ni a que meditemos ni a nada por el estilo. A estar (en mi caso siempre el mate es un buen compañero, lo mismo que el sol de la mañana) para estar, estar y estar. Y entonces tal vez nos asomemos al otro verbo, al ser, al sentir, percibir lo que somos cuando simplemente estamos.

Y por supuesto, estar también para alguien, con lo que eso significa. Estar como un hogar al que el otro puede volver y encontrar refugio, estar para escuchar, para acompañar. No siempre hace falta hacer. Siento que el estar, en silencio, es valioso por sí mismo.

Y el domingo para eso es especial.

sábado, 22 de agosto de 2026

 Era natural tener un patio con hamacas y flores con las que jugaba la imaginación, de tantos colores y nombres audaces y era natural tener una pelopincho en el fondo. Era natural tener una bicicleta rosa y cenar en una mesa plegable, bajo las estrellas. Era natural después buscar las Tres Marías y la Cruz del Sur y jugar a la escondida en la vereda, con los amigos del barrio. Era natural dormirse sabiendo que el verano seguiría al día siguiente y al otro, como seguirían estando las uvas y el parral. 

Pero no fue natural crecer, no es natural mirar todo desde lejos preguntándome si eso fue un sueño y si recién acabo de nacer, si recién llegué al mundo cargada de recuerdos que nunca existieron y que fabulé para darle un sentido a la mañana ausente, en que la birome escribe sin distinguir lo negro del blanco y solo veo una imagen borrosa en el espejo del tiempo que me pregunta quién soy.

sábado, 27 de junio de 2026

 Di-vertirse o dis-traerse, contienen en su palabra, los prefijos di o dis, que etimológicamente vienen del verbo latín divertere, que significa "separarse o llevar por varios lados". También podríamos decir entonces que significa "girar en dirección opuesta o apartarse del camino". La pregunta sería ¿de qué camino nos apartamos? ¿De qué nos estamos separando? No será que nos estamos apartando de nosotros mismos, para evitar formularnos alguna que otra pregunta, que nos perturbe o incomode?

viernes, 26 de junio de 2026

Que los sistemas educativos están en crisis no es novedad, así como que en los programas que se están implementando ya no se les da importancia a las humanidades, sino fundamentalmente a lo utilitario o incluso que se llegan a orientar en algunos casos a la educación financiera. ¿Pero adónde se adquirirán las facultades para que los jóvenes puedan ser capaces de comprender a este mundo en transición? ¿Es en las redes en donde encontrarán respuestas? ¿Las bibliotecas serán museos, recuerdos del pasado? ¿Los algoritmos nos dirán qué y cómo pensar (aunque no nos sepan responder el para qué)? ¿A qué algoritmos alimento con mis textos? No deja de inquietarme, aunque confío en que resuenen en algún corazón despojado de silicio, que tal vez pueda conmoverse cada tanto, aunque esté en silencio detrás de la pantalla.

 El alma llega después que el cuerpo a los lugares. Cuando vine a vivir a Buenos Aires, estaba ansiosa por ya ser una porteña, una habitante más de la ciudad. Pero era una recién llegada que no solo no conocía los códigos, sino que tampoco la conocía geográficamente y a la que la velocidad de la calle abrumaba. No salía de mi casa más que lo necesario y me desesperaba cuando tenía que comprar algo porque ignoraba que todo estaba organizado por zonas: la zona de los muebles, la de las cocinas, la del cuero, la de la vajilla, la de la ropa de blanco, la de los outlets, la de los bares de cada barrio, y así. Me iba enterando de a poco de las cosas y así iba haciendo mis descubrimientos. No sé realmente cuando llegó mi alma, creo que mucho tiempo después, aunque sigue siendo misterioso. Con los años fui descubriendo que el alma se va de los lugares antes que el cuerpo, los vamos deshabitando antes de irnos físicamente y así el proceso es menos doloroso. Estrategias humanas, que le dicen, para poder sobrevivir.

miércoles, 24 de junio de 2026

 Es complicado no poder dormir, pero más complicado es dormir sin sueño (s). 

 Cuando pegamos la vuelta de la vida tenemos la fuerte tentación de sentarnos a contemplarla melancólicamente, pensando cómo dice el dicho, que todo tiempo pasado fue mejor. Repasando una y otra vez nuestras historias, nuestras memorias, nuestros recuerdos, tratando de entender qué significaron y cómo nos trajeron hasta acá. Pero también tenemos la posibilidad, latente, de elegir contemplar a la vida intentando hacerlo con ojos de niño, de maravillarnos con el asombro de la existencia, de esa misma que, a fuerza de tanto vivirla, se nos fue olvidando cómo mirarla de cerca, para comprender de una vez por todas y definitivamente que sabemos tan poco de ella.

domingo, 21 de junio de 2026

En una época de mi vida iba a un taller de escritura, un poco para aprender a escribir mejor y otro poco para conocer gente, ya que era un período de mi vida de mucha soledad. Era los sábados a la mañana. Uno de esos días se me ocurrió llevar una torta, para compartir. Compré todo especialmente para prepararla, pero la torta se quemó. Mientras hacíamos tiempo para empezar la clase, conté el incidente, a lo que el profesor comentó: "acá la gente viene a contar lo que hace". Era esperable sin duda que habláramos de libros y autores y yo salí con mi modesto accidente doméstico. Debería haberme molestado el despectivo comentario, pero no fue así. Muchas veces lo recuerdo, hoy tal vez porque hice una torta como entonces y en el mismo molde, aunque no se quemó. Pero mientras esperaba que se cocinara pensaba en que tal vez yo había reaccionado con la mansedumbre de quienes están acostumbrados desde siempre a que se los ningunee. No me sorprendió por eso el comentario y casi que ni me dolió. Me reconocí ajena a un mundo superior intelectual, hablando de mis minucias, aunque es evidente que el suceso dejó huella en mi memoria, porque por algo siempre lo recuerdo. No volví a abrir la boca ni ese ni otros días, mientras hacíamos tiempo para empezar la clase. Era evidente que no estaba a la altura de las circunstancias y que raramente sentiría que lo estaba en el futuro, por eso mi refugio son estas palabras que se amontonan sin cesar en este espacio y que quien sabe quien lee. A esas personas, les dejo un saludo, a falta de una porción de torta.

miércoles, 3 de junio de 2026

 Según una frase que leí alguna vez de Ricardo Piglia, el psicoanálisis es el arte de mantener a flote a gente que goza tratando de hundirse. El vértigo por el abismo nos atrae, nos hipnotiza, nos subyuga, como si quisiéramos volver a un pantano primordial en el que alguna vez vivimos, porque en algún recodo de nuestro inconsciente perdura la idea de que ahí pertenecemos y que no tenemos derecho a estar bien, ni siquiera digo a ser felices, sino a tener una cierta estabilidad que nos garantice períodos de una paz amable que nos permita desarrollarnos. Aunque ya haga mucho tiempo de que nuestra vida haya cambiado, en algunos días vuelve esa sensación oscura que nos dice que no tenemos derecho a estar bien, que ese ser un poco más luminoso en el que nos convertimos después de arduos trabajos, en realidad no existe y que somos poco menos que un insecto que nunca pudo ni podrá salir de su escondite, ese al que nunca llega el sol de la mañana.

martes, 2 de junio de 2026

 Debería ser obligatorio, una vez a la semana al menos, no dormir y esperar el alba. Dejar que la sangre se despierte, soñar con todo lo que no podemos ser de día y hacer planes para cuando nos levantemos, hoy, mañana, la semana que viene. De noche todos los sueños parecen ser posibles, casi que pueden escucharse en el silencio y brillan como un árbol de navidad fuera de época para pedirnos que, de una vez por todas, saquemos un pasaje al otro lado del mundo y que mañana despertemos durmiendo en otra cama.

Debería ser obligatorio, una vez a la semana al menos, no dormir y esperar el alba. 



jueves, 14 de mayo de 2026

 Alguna vez me dijeron que lo que importa es el cómo y no tanto el qué. Y si pensamos en el cómo, pienso también en la pausa, ese instante de quietud en medio de las olas del movimiento en donde podemos sedimentar lo que estamos haciendo. La acción y la quietud conviviendo en lo cotidiano. Y también en el diálogo, la pausa cómo silencio para que el otro tenga espacio para expresarse, la pausa para escuchar lo nuevo que tiene para decirnos. Si no nos detenemos nunca, si no sabemos hacer silencio para que algo realmente nuevo suceda, el torbellino de los minutos y las horas y los días llenos de bullicio ( y tal vez por eso, paradójicamente vacíos), nos abruma. Cuando nos detenemos, como desde la cima de una montaña imaginaria podemos ver nuestra vida, los caminos que vamos recorriendo, el diseño que tienen y vamos viendo también cómo se esfuman en una estela de polvo, que no deja de sorprendernos.




lunes, 11 de mayo de 2026

 Quién sabe qué mundo veríamos si pudiéramos observar la innumerable cantidad de ondas que nos atraviesan sin que nos demos cuenta. Vibraciones imperceptibles que transmiten imágenes, sonidos, palabras, que se convierten en pensamientos y emociones. Que a su vez generan nuevas ondas, que viajan a lugares lejanos y afectan, desde dispositivos electrónicos hasta las sutiles neuronas de quiénes las recibe. Habitamos un mundo vibrante que creamos a cada instante con nuestras intervenciones más o menos conscientes. Y en forma más o menos consciente, somos afectados. Cada tanto es bueno recordarlo.




martes, 21 de abril de 2026

 Una vez me dijeron que algunos indios decían que cuando uno viajaba, llegaba primero el cuerpo, pero el alma lo hacía unos días después.  Y creo que es así. Cuando estamos de regreso, pareciera que ella hubiera quedado entremezclada con los rostros y los lugares que visitamos, como si demorara en despegarse. Una esencia viajera la impregna y ese es uno de sus misterios.


Iglesia María Auxiliadora. Punta Alta. Provincia de Buenos Aires.


miércoles, 15 de abril de 2026

 Si cada día es un misterio, si cada instante es un camino que se abre en dos. Y no hay respuestas (ni nunca las habrá). Sólo un ir y venir de las mareas del tiempo, que es todo posibilidad. Cuando estiramos la mano para tocar el futuro y lo acariciamos como si fuera un animal dormido, sabiendo que en breve la noche se transformará en día y el día en noche y nosotros en el medio tratamos de aferrarnos a las certezas que no tenemos y de vivir organizando una agenda perfecta, que a la primera curva se desmorona. Pero siempre el sueño vuelve, iluminando la penumbra y entonces, libres por fin de las coordenadas de la razón, tal vez recibamos una pista, una señal, algo que nos diga qué hacer y nos acerque un poco más a nuestro corazón.

 A veces, entre las hendiduras de la realidad, aparece un hueco por donde podemos meter la mano para tocar a la vida. No es frecuente, pero hay que estar despiertos para que cuando sucede no se nos pase de largo. Porque hay días, hay épocas que traen un perfume que uno sospecha que presagia algo, la cercanía de la vida escondida como un animal escurridizo, que quiere revelarse.

martes, 9 de diciembre de 2025

 En el perfume de las estrellas que un día existieron, quizás se refleje en un millón de espejos la imagen de los niños que fuimos. Tal vez en un rayo podamos viajar para abrazarlos, enseñarles un par de cosas, regalarles una armadura para los días difíciles y un talismán. Y decirles algunas palabras secretas con la promesa de volver a vernos muchos años después, para recordar  nuestras honrosas caídas y brindar por los cierres y los nuevos comienzos que siguen viniendo como las palomas de las ventanas, a cantar los días.



martes, 11 de febrero de 2025

 

Después de tantas palabras que agitaban la noche, comprendí que contemplando la luna de febrero podía dejarme llevar hacia ese estado anterior al sueño, en el que las ideas se esfuman mientras algunas visiones resplandecen más claras, a salvo de la confusión del día. Impávida pero contenedora, amenazante a veces, la luz plateada se refleja en algunos rostros cuando piensan en cuidar a alguien y protegerlo de todo mal, que esté a su alcance.

 

Voy al mar todas las tardes, camino descalza en la arena hasta el agua y juego con la espuma que va y viene. Las gaviotas vuelan a lo lejos y se respira una brisa fresca que estimula. El sol es suave a esta hora, el cielo se va volviendo de un color entre rosa y anaranjado a medida que atardece. La playa está desierta, solo se oye el murmullo de las olas en su eterno retorno. La profundidad del azul se extiende sin límites. El mar, ese misterio de dónde venimos al que viajo en silencio cada tarde desde mi solitaria habitación. En las sombras de la pared, en el ir y venir de las cortinas y en el eco de los sonidos de los automóviles y el tren, el mar también va y viene y nos unifica, vive en nuestras mentes y en los sueños a donde viajamos por las noches. Sin saberlo, el mar nos envuelve y acuna y volvemos a ser niños que esperan nacer.

 Interpretamos el mundo que ven los demás desde nuestra realidad psíquica. Pero no sabemos cuáles son las vivencias, las historias, los secr...