miércoles, 3 de junio de 2026

 Según una frase que leí alguna vez de Ricardo Piglia, el psicoanálisis es el arte de mantener a flote a gente que goza tratando de hundirse. El vértigo por el abismo nos atrae, nos hipnotiza, nos subyuga, como si quisiéramos volver a un pantano primordial en el que alguna vez vivimos, porque en algún recodo de nuestro inconsciente perdura la idea de que ahí pertenecemos y que no tenemos derecho a estar bien, ni siquiera digo a ser felices, sino a tener una cierta estabilidad que nos garantice períodos de una paz amable que nos permita desarrollarnos. Aunque ya haga mucho tiempo de que nuestra vida haya cambiado, en algunos días vuelve esa sensación oscura que nos dice que no tenemos derecho a estar bien, que ese ser un poco más luminoso en el que nos convertimos después de arduos trabajos, en realidad no existe y que somos poco menos que un insecto que nunca pudo ni podrá salir de su escondite, ese al que nunca llega el sol de la mañana.

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