Evidentemente, hay algo que no está equivocado en este tiempo. El cielo no se equivoca y estas son las experiencias que como humanidad, tenemos que vivir. La pulverización, la desintegración, la destrucción, la soledad, el enfrentarnos a nosotros mismos, hacernos las preguntas adecuadas (lo cual es lo más difícil), para así intentar encontrar alguna respuesta. Es cierto que somos seres sociales, que evolucionamos en comunidad y que siempre siempre siempre, necesitamos a un otro/a. Pero creo que en estos tiempos, más que nunca, nos vemos obligados de una vez por todas a mirar adentro de nosotros/as mismos/as y dejar de echarle la culpa a los/as demás de lo que nos pasó. Dar ayuda, estar dispuestos a recibir ayuda, pero también saber que son tiempos de pararnos de una vez por todas sobre nuestros propios pies y dejar de esperar que alguien nos cuide. Cuidar al otro, al más débil, al que no puede por sí mismo, y dejarnos cuidar, pero saber que, en el fondo siempre estamos solos/as, que cuando cerramos los ojos a la noche, estamos solos/as con nuestra conciencia y con nuestro dios, si lo tenemos, y nuestra conciencia, seguramente a algunos de nosotros, nos juzga implacablemente, por nuestra entrega cotidiana.
miércoles, 24 de junio de 2026
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