jueves, 18 de junio de 2026

 Creo que el que no se maravilla por la Ciencia es porque no se la explicaron bien. Ella es una buscadora incansable, una mano que intenta abrir el cielo, que construye escaleras con explicaciones para alcanzarlo. Fabrica andamios sobre los que hombres y mujeres caminamos.

He olvidado las tardes en las que resolvía Ecuaciones Matemáticas, ese mundo seguro en el que me podía refugiar. La Biología me habló del misterio de la Vida y la Muerte y le escapé a la Historia por no ver pelear a los hombres. La Química me desintegró como a un átomo y me dio conciencia del vacío que habitamos, poblado de partículas vibratorias.

Si se trata de explicar y explicar, para entender, lo primero que tenemos que entender es que nunca la Ciencia va a dejar de buscar y de intentar construir nuevo conocimiento con los recursos que tiene a mano. Los instrumentos son los que paradójicamente la limitan. Si tuviéramos un telescopio lo suficientemente poderoso podríamos acercanos a los orígenes de nuestra Historia Cósmica, quién sabe si algún día llegáramos a ver el Bing Bang. Pero mientras tanto, seguimos enfrentándonos al Amor, a la Muerte, al misterio de la flor que surge en medio del cemento y no sabemos de dónde viene, a la Fuerza que impulsa el germen de la semilla.

En mi caso, a través del camino del arte y la poesía, en un momento de mi vida, empecé a construir lentes, microscopios para mirar adentro mío y traer a la superficie visiones de los otros mundos que están en este. Machado, en sus poemas, como cantaba Serrat, decía que amaba los mundos sutiles, como pompas de jabón. Creo que estamos rodeados de mundos sutiles, que habitamos mundos sutiles, a los que nuestra querida y perseverante Ciencia aún no ha llegado. Sigue y sigue en sus intentos, mientras los poetas y los artistas, tratamos de cantarle al Amor y a la Belleza que esconde el Universo, en medio de sus misterios.


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