viernes, 19 de junio de 2026

 El mundo está lleno de personas que saben quiénes son. Abogados, médicos, arquitectos, contadores y hasta futbolistas, todos parecen encajar en el lugar indicado. El manzano no quiere ser naranjo ni el limonero un laurel. Por lo menos aparentemente. Van por la vida seguros de sí mismos, con un nombre y un apellido, un número de documento, tal vez un pasaporte, una tarjeta de crédito y una licencia para conducir. ¿Para conducir qué? Un montón de vidas anónimas atadas a su destino implacablemente, como el perro a la correa, como si vivir no fuera un permanente vértigo, un preguntarse cada día (o por lo menos cada tanto), quién es uno y para qué está en la tierra durante este tiempo que nos toca. Mientras la pelota yira y yira en las canchas mundialistas, todavía quedan personas que miran al cielo buscando respuestas que cada tanto encuentran, siempre provisorias, desde el silencio de su corazón. Tal vez, algún día nos toque un penal a favor nuestro, que defina el partido.

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