Hay obras que no van a ningún lado. Como esas situaciones de la vida en donde uno/a le agrega un color, una línea nueva, coloca otras capas de pintura, esa creación parece tener vida propia y rechaza nuestros esfuerzos por rescatarla. Es inútil. Llega un momento en el que tenemos que decir basta, asumir que se frustró y entonces clausurarla definitivamente.

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