sábado, 22 de agosto de 2026

 De tanto caminar se le llagaron los pies y las piernas trastabillaron. Cayó de rodillas al llegar a la puerta de la ciudad. Buscó la fuente de agua más cercana, se mojó las manos y la cabeza y luego bebió como si nunca lo hubiera hecho antes. Y el agua le trajo el recuerdo de la infancia, de un patio con flores y de unas hamacas, el olor de la lluvia. Y entonces vio un charco que se iba agrandando, en el que se reflejaban los rostros de todos los que no estaban, de todos los que habían comido y bailado en ese patio, bajo las estrellas, de las velitas de los cumpleaños y del árbol de navidad, a lo lejos. Y así se quedó dormida al lado de la fuente, que seguía contando historias con un murmullo, las que a la mañana siguiente ella iría contando a los que se cruzara por otros caminos.

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