Si cada día es un misterio, si cada instante es un camino que se abre en dos. Y no hay respuestas (ni nunca las habrá). Sólo un ir y venir de las mareas del tiempo, que es todo posibilidad. Cuando estiramos la mano para tocar el futuro y lo acariciamos como si fuera un animal dormido, sabiendo que en breve la noche se transformará en día y el día en noche y nosotros en el medio tratamos de aferrarnos a las certezas que no tenemos y de vivir organizando una agenda perfecta, que a la primera curva se desmorona. Pero siempre el sueño vuelve, iluminando la penumbra y entonces, libres por fin de las coordenadas de la razón, tal vez recibamos una pista, una señal, algo que nos diga qué hacer y nos acerque un poco más a nuestro corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario