Una puntaltense en Buenos Aires,
Llegué a Buenos Aires en el año 2000 y mi primer barrio fue el querido Palermo viejo, con sus calles arboladas. Después me fui enterando que lo llamaban Palermo Hollywood, por la cercanía de algunos canales de televisión. Me deslumbraban los barcitos multicolores que no duraban mucho y menos después del 2001, iban y venían.
En el 2005 me vine a vivir a mi barrio actual, el muy porteño y nada pretencioso Almagro. Ubicado en el centro geográfico de la ciudad, me facilitó y lo sigue haciendo, el desplazarme en los medios de transporte públicos, subtes y colectivos, hacia toda la ciudad en períodos de tiempo bastante razonables. Almagro también con los años fue creciendo en la oferta de bares y algunos teatros independientes y tiene como epicentro el Parque Centenario, en donde convergen artesanos, libreros, puestos variopintos en su feria, personas de todas las edades en los fines de semana, bajo sus árboles o alrededor del lago central, murgas, una banda de jazz, espectáculos nocturnos en el anfiteatro, todo lo que lo convierte en un colorido lugar para compartir sin gastar un peso, si uno así lo desea. En el barrio abundan los comercios de cercanía, muchas verdulerías, carnicerías, panaderías, ferreterías, farmacias y por supuesto los supermercados, que facilitan las compras.
26 años en Buenos Aires me deberían haber aporteñado y así lo creí durante mucho tiempo. Sin embargo, en los últimos años me fue naciendo la morriña por mi ciudad natal, sus calles, sus plazas, su iglesia y su gente, aunque de mis amigos de aquélla época quedan muy pocos. Cuando vuelvo los busco como hacía antes, por el centro, pero no los veo, los comercios son distintos, solo perdura en mi memoria el perfume de la iglesia que me hace pensar en el agua bendita con el que uno se persigna al entrar. Tantas veces lo hice durante tantos años y lo sigo haciendo cuando voy y aunque sea entro unos minutos, buscando a esa niña, esa joven que un día se fue y que mucho tiempo después sigue preguntándose quién es y dónde está su hogar. Quizás, como un caracol, lo lleve en la espalda y así, mi lugar en el mundo esté en algún lugar de la ruta 3, yendo o viniendo en el trayecto entre Punta Alta y Buenos Aires.

No hay comentarios:
Publicar un comentario