Así como existen los maestros, existen también los anti-maestros. Todos necesitamos en los distintos procesos de desarrollo de nuestra vida, personas que nos inspiren, que crean en nosotros y que nos estimulen a dar como consecuencia lo mejor que tenemos. En definitiva, crecimos y crecemos junto a ellos, simplemente porque nos valoraron y nos dieron la libertad y la confianza para desarrollarnos. Desde nuestras maestras o profesores de la infancia y la adolescencia, nuestros jefes en nuestros diversos trabajos, nuestros maestros en las diversas artes que cultivamos, todos ellos contribuyeron a que podamos ser lo que hoy somos. De corazón les deseo que hayan encontrado al menos un par de ellos, porque son los que nos allanaron el camino. Y por eso, a ellos, gracias totales.
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