Siento que la fluidez de la escritura a mano estructura de otro modo el pensamiento, comparado con lo que sucede con la escritura en la computadora. Nuestra letra va registrando, como un sismógrafo, el cauce de nuestras emociones. El trazo, el dibujo de las letras conecta con algo profundo y distinto al de las teclas. Claro que ese discurso puede ser caótico, desorganizado, repetitivo a veces y que para eso la computadora es irremplazable a la hora de organizar y corregir. Pero el acto físico de escribir en donde el pensamiento velozmente se descarga en el papel siento que tiene un trasfondo más intuitivo, si pudiera con esa palabra explicarlo. En un mundo virtual, dominado por pantallas y algoritmos ¿quedaremos todavía algunos escribas, como los egipcios o mesopotámicos, que acumulamos cuadernos en vez de tablillas de arcillas?
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