Cómo sabemos, Uruguay está bajo los efectos de una sequía demoledora. La falta de lluvias que se produce desde hace un par de años es la causa más evidente. Ahora bien: ¿qué se pudo o se puede hacer frente a eso? Pepe Mujica, con su característica bohonomía y autenticidad, reconoce que todos fueron un poco responsables, a nivel gobierno (su gestión inclusive), y que si hubieran priorizado hacer obras por sobre el déficit fiscal, no estarían frente a la grave situación actual. Las obras hechas a las apuradas, dicho en criollo, son siempre más caras y menos eficientes. Ahora bien: hay otros factores dando vueltas y que no podemos dejar de analizar: los efectos sobre la falta de agua debido a la instalación de las pasteras, los monocultivos e incluso la deforestación. ¿Influyen estos factores sobre la sequía que está instalada o bien ella es un designio divino, que sólo podría reparar un auténtico hacedor de lluvias, como los de los relatos antiguos que tanto nos gustaban? No podemos pensar a los fenómenos naturales en forma aislada. Podemos aislarlos para estudiarlos, pero actúan en conjunto. Lo cierto es que con mejores obras que aseguraran el suministro de agua a la población, para paliar estas situaciones, las cosas funcionarían mejor. En definitiva, una vez más, es la naturaleza, pero de fondo, es la política.
jueves, 6 de julio de 2023
sábado, 10 de junio de 2023
Siempre creí que a los muertos hay que dejarlos en paz. No hablo de los muertos en general. Todos conocemos personas que en vida fueron deleznables y capaces de las peores acciones. No me refiero a eso. Me refiero a mis muertos: a mi papá, mis abuelos, tíos e incluso mi novio de juventud, que falleció tempranamente. Nunca quise juzgarlos, solo tratar de entenderlos. Entender que desde ese número preciso de inhalaciones y exhalaciones que tuvieron, hasta que llegó la última; desde esa cifra exacta de palabras pronunciadas y pasos dados, hacia adelante o en retroceso, o cuando se quedaron quietos, inmóviles, sin saber qué hacer, hasta que su último latido cesó, en todos esos momentos tomaron decisiones, o se dejaron llevar por lo que creían era correcto, o tal vez ni se lo cuestionaron, actuaron, como hacemos todos, acertaron y se equivocaron, nos protegieron y nos abandonaron, sobre todo desde ese último día en que se fueron, cuando ya no volvieron, para terminar de decirnos las cosas pendientes, respondernos lo que nunca se nos ocurrió preguntarles y sobre todo, abrazarnos, sabiendo que, bajo este cielo, era la última vez que lo hacían.
Siguiendo con las historias de infancia, recuerdo el año previo a mi primera comunión. Periódicamente nos hacían confesar. Después de una larga fila, nos arrodillábamos frente al sacerdote. Tengo que decir que no me gustaba nada esa postura, pero resignada, ni la cuestionaba. Obviamente, nuestra altura y vocecitas infantiles no eran adecuadas para usar el lateral del confesionario, con la ventanita con agujeritos que tapaba el rostro (lo que me hubiera encantado).
Semana tras semana confesaba mis pecados, que eran fundamentalmente dos, creo que en igual orden de gravedad: me olvidaba de rezar a la mañana y me peleaba con mi hermanito. El sacerdote, con una semisonrisa solemne me decía siempre lo mismo: que en unos años, cuando tuviera veinticinco (para mí, una eternidad), iba a ser una parte valiosa de la comunidad. A continuación me bendecía y me mandaba a rezar un padrenuestro, avemaría y gloria, que, milagrosamente, lavaban (aunque fuera por el momento), mis pecados. No estaba muy segura de cómo funcionaba ese mecanismo, pero lo cumplía obedientemente. Sin embargo, no podía evitar volver a cometer siempre los mismos dos (y únicos) pecados. Vuelta a confesarme, palabras admonitorias, bendición y rezo.
La primera comunión llegaba y ahí quedó la foto de mis ocho años, retratando ese momento: el sacerdote dándome la hostia consagrada, mientras yo miraba embobada al monaguillo, que me gustaba desde hacía tiempo y que por fin tenía tan cerca.
viernes, 28 de abril de 2023
Digamos que mi mamá nunca fue muy religiosa. Nosotros habíamos sido bautizados y tomamos la comunión, y yo fui a escuela religiosa, pero mi abuelo, socialista , no era muy amigo de la iglesia, y mi mamá fue bautizada y tomó la comunión a destiempo. No estuvo acostumbrada a rezar ni nada que se le parezca; sin embargo, hubo una pequeña oración que nos enseñó cuando éramos chicos con mucha ternura: era la oración nocturna al ángel de la guarda. Al lado de mi cama, había un cuadro de esos clásicos de la época, con los niños jugando al lado de un arroyo en donde se les había caído la pelota, y este ser celestial, detrás, protegiéndolos con sus alas desplegadas. Me dormía mirando esa imagen, con un poco de temor por el peligro que entrañaba y observaba con respeto al ángel. Es natural entonces, creo, que sienta cerca mío la presencia de mi amigo protector, que me cuida desde hace tantos años y me ha hecho la vida más fácil.
martes, 28 de marzo de 2023
Anoche tuve un sueño precioso. Trabajaba en una empresa, que se dedicaba a la investigación en ciencias biológicas, en el Polo Norte. Mi jefe, me daba como tarea recorrerlo en cuatriciclo, en circunvalación, para hacer un relevamiento. Pero yo, en lugar de eso, hacía un recorrido mucho más pequeño. Era hermoso. Estaba todo cubierto de nieve y la gente caminaba en círculos, como en una plaza. Había árboles florecidos con suaves perfumes. La sensación era de luminosidad, paz y sí, también algo parecido al deleite, o la felicidad.
jueves, 16 de febrero de 2023
Hace unos días, Buenos Aires se vio invadida por miles de panaderos, provenientes de los incendios de las islas del Delta. Los trajo el humo que cubrió de a ratos la ciudad y allí están, desparramando su fragilidad invencible, esperando que algún soñador atento los sople despacito, pidiéndoles un deseo. Muchos de los habitantes, apurados ellos, los ignorarán, como al fuego cercano y destructor. Las pequeñas flores traen su mensaje de alerta para los oídos atentos.
domingo, 1 de enero de 2023
Hizo falta el encierro de la pandemia para que, al ver imágenes del mar por televisión, me preguntara cómo lo había ignorado durante largos años. Me parecía ser una especie de animal impetuoso, incansable. Me prometí entonces que en las próximas vacaciones iría a visitarlo.
Al llegar, el mismo desconcierto de siempre. Esa experiencia inasible en la costa, ese ir y venir inexplicable, la fascinación mezclada con un poco de miedo. Me digo entonces que no lo puedo comprender, que ante él deben caer todas las barreras de la conciencia.
Puedo pensar y comprender que es el origen de la vida y que en sus fosas submarinas existen mundos desconocidos. Puedo preguntarme qué hay detrás del horizonte que estoy mirando. Puedo explicarme por qué el sol se pone en el mar y el movimiento de las mareas. Puedo tranquilizarme diciendo que, después de todo tiene límites y que, si seguimos así, de a poco le seguirá ganando terreno a la costa. Puedo sentirme ajena a la cultura de bronceador y sombrilla, de reposera y tejo.
Pero de nuevo me rindo al contemplarlo, mientras abrazo, protegiendo del viento, a la niña que hace tiempo jugaba en la arena, a la mujer que naufragó en la tormenta tantas veces, pero nunca dejó de confiar en sus fuerzas para salir a flote y a la que lo sigue haciendo empecinadamente mientras escribe.
Interpretamos el mundo que ven los demás desde nuestra realidad psíquica. Pero no sabemos cuáles son las vivencias, las historias, los secr...
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No recuerdo cómo fue que la Encíclica Rerum Novarum llegó a mis manos a fines de los 80, la leía con una mezcla de ilusión y respeto, el mis...
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Quiero reflexionar sobre lo que significa la expresión para mí, tanto en la escritura como en el dibujo o la pintura. No elijo desde la con...