Hace unos días, Buenos Aires se vio invadida por miles de panaderos, provenientes de los incendios de las islas del Delta. Los trajo el humo que cubrió de a ratos la ciudad y allí están, desparramando su fragilidad invencible, esperando que algún soñador atento los sople despacito, pidiéndoles un deseo. Muchos de los habitantes, apurados ellos, los ignorarán, como al fuego cercano y destructor. Las pequeñas flores traen su mensaje de alerta para los oídos atentos.
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