El principal encanto que tuvieron (y tienen) las "librerías de viejo", librería de usados, fue revolver entre los estantes y pilas de libros, porque siempre encontrábamos (y encontramos entre las que se conservan), hallazgos, libros impensados, perdidos, libros de nuestra infancia, libros desconocidos que no figuran en catálogos. Es prácticamente imposible tener catálogo en nuestra librería (que tiene 34 años y por la que pasaron y pasan innumerables ejemplares). Pero la adrenalina de buscar y, en algunas ocasiones encontrar no tiene precio.
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