En la sociedad del jolgorio y la diversión constante que nos proponen muchos medios de comunicación, hasta los canales centrales de aire, nos muestran noticias sumamente importantes a nivel local, nacional o internacional, de índole económica, política, social, que afectan directamente nuestra vida, muchas veces perjudicándola sin que podamos hacer mucho al respecto, mechándolas con bromas aparentemente inofensivas, fragmentos de programas de televisión cómicos, declaraciones graciosas de algún personaje secundario, seguramente con el objeto de que no nos despeguemos de la pantalla, porque la realidad descarnada nos puede resultar intolerable. Corolario: nos anestesian. Como nos anestesian las redes, que también intercalan información, en este caso seleccionada por los algoritmos que sin querer creamos. Es que es difícil soportar la realidad de una civilización que no nos está mostrando su mejor rostro. No sé si alguna vez lo hizo. Lo que creo es que no estamos preparados para este bombardeo de estímulos sin ton ni son que nos desorientan, nos alejan de nuestros propios intereses, nos atrofian el pensamiento y nos impiden desarrollar actitudes reflexivas que nos permitirían articular algún tipo de acción concreta que genere aunque sea un cambio mínimo en nuestra vida y en la de los demás.
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