viernes, 19 de junio de 2026

Destapar la caja de Pandora e investigarla concienzudamente, organizarla, clasificarla, poner en palabras lo inasible, lo que nunca supimos qué es, lo que nos atormenta detrás de la sonrisa y rigidiza el rostro, le pone un freno a los músculos de la lengua y cierra la garganta, nubla la mirada, opaca la risa. Tergiversa nuestro decir, hace malabares con las ideas para que no se filtre lo que creemos que es verdadero pero por conveniencia ocultamos. Cargamos día y noche con un balde de agua helada que quisiéramos arrojarle en la cabeza a mucha gente, para que despierten y se hagan cargo de sí mismos, para que dejen de limosnear, atención, compasión, para que dejen de intentar de llenar su vacío con nuestra existencia, algo que nunca conseguirán porque es imposible. Hay que ser valiente para plantarse sobre los propios pies y dejar de andar por la vida echándole la culpa a los demás de nuestros fracasos. Algún día vendimos nuestra existencia por un poco de seguridad y desde entonces nos llevan de la correa, como una mascota reluciente que exhiben orgullosos. Nos alimentan con cuidado, simples mascotas de las que se espera fidelidad ciega, que no pueden salir a la calle solos, no sea que se escapen y recuerden lo que es la libertad, esa que tenían cuando eran callejeros.

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