Una vez, su amigo Miau viajó muy lejos y cuando volvió, le contó a Castalia que había conocido un planeta en donde vivían seres bondadosos. Eran de color blanco y tenían mil dedos, muy largos y flacos, con caramelos de coco como anillos. Cuando algún visitante llegaba, le ofrecían uno de esos dulces como recibimiento y el que los comía, en un abrir y cerrar de ojos se volvía sabio y bondadoso, como ellos, entonces podía recorrer el planeta sin problemas. Castalia se mostró muy interesada y le pidió por favor a Miau que la llevara, en su próximo viaje intergaláctico. Miau accedió muy contento, y después se fue a dormir al lado de la chimenea.
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