sábado, 23 de abril de 2022

 Ese mediodía fue distinto. Sentada en una de las callecitas de la plaza, con la tibieza del sol en mi espalda, niños y pájaros, perros y paseantes y las hojas de otoño en su incesante planear, se integraban en un escenario cósmico en un instante sin tiempo, como hacía tiempo no vivía.

sábado, 16 de abril de 2022

Mirando al norte, desde el piso once, se ven los aviones despegando hacia los cuatro puntos cardinales. Pucará urbano de colores sepias y rojizos que invita a perderse contemplando el cielo infinito. La calma que siempre nos trajo el paisaje, fue un día sobresaltada por una mancha fucsia. Unos lejanos vecinos habían decidido instalar un estridente toldo en su balcón. Imposible no verlo, atraía nuestra mirada como un imán, con su chillona estridencia. Planeamos entonces averiguar la dirección del edificio y presentarnos como representantes de diseño urbano, para obligarlos a retirarlo inmediatamente, bajo amenazas de ser multados. Pero no llegamos a tanto. El sol de los atardeceres se dedicó con paciencia a desgastarlo, como había hecho con el resto de los toldos vecinos, y nuestra mirada fue integrándolo amorosamente. Sólo era cuestión de esperar que sucediera.





domingo, 10 de abril de 2022

El micro que tomo para ir a Punta Alta va por la Ruta 3 y a eso de las 5:00 am llega a Coronel Pringles. La pequeña ciudad duerme todavía y me gusta contemplar las casitas bajas de la ancha avenida de ingreso. Me siento feliz en ese momento ya que faltan unas dos horas para llegar a destino. Cada tanto, cuando me siento triste rodeada de cemento, recuerdo a Celeste Carballo y su antigua canción. 

https://www.youtube.com/watch?v=Kifam6r3YC8

sábado, 2 de abril de 2022

Un mediodía, de hace cuarenta años, al salir del colegio, mi amiga y yo nos enterábamos que estábamos en guerra. Al vivir en una ciudad lindante a la base militar, en donde la mayoría de nuestros familiares trabajaba, eso nos involucraba de alguna manera a todos. Recuerdo las noches en las que oscurecíamos con frazadas las ventanas, para que no se vieran los rastros de luz, y la vez en que mi papá se animó a salir de noche con el auto, después de pintar de oscuro los faros.  En medio de la confusión de informaciones, predominaban las que auguraban triunfos históricos. Recuerdo entonces la voz de mi madre, repitiendo todo el tiempo que esa maldita guerra era una absoluta locura, y que nos estaban engañando vilmente. El tiempo le dio la razón. Charly García cantaba de fondo y aunque no terminábamos de entender sus letras, era el comienzo de tiempos de empezar a descubrir la oscuridad de una época, de la cual nadie nos había hablado.

domingo, 27 de febrero de 2022

 -esos días en que salís con paraguas de casa, empieza a llover y lo abrís contenta, y a las cuatro cuadras te das cuenta que la gente te mira raro porque dejó de llover hace rato y seguís con el paraguas abierto-

jueves, 24 de febrero de 2022

 Sabemos que hoy es un día triste, una nueva guerra empieza, y nos deja desolados.

Tal vez por eso, quiero compartirles unas imágenes de paz que tuve en estos días.

Sentada en la plaza, veo venir a dos adolescentes. De andar suave, de la misma edad, vestidos de gris, de negro, de blanco, cada uno lleva entre sus brazos una almohada. De buena calidad y envuelta en una bolsa, todo indica que es recién comprada. La sensación de paz con la que caminan es la de los que tienen la seguridad (al menos provisoria), de quienes saben adónde van y están felices con eso. Uno de ellos se abraza a la suya como si fuera un viejo muñeco de paño de su reciente infancia. A dónde van es un misterio. Aunque puedo presentir que esas almohadas son una suerte de puente hacia un mundo de mayor libertad. Se pierden de a poco en la plaza, mientras los sigo con la mirada y comienzo a escribir estas líneas.



viernes, 31 de diciembre de 2021

 El día de mi cumpleaños siempre fue mágico. Cuando comenzaba cada hora, en la radio sonaban las campanas avisando en qué lugar del mundo empezaba el año nuevo. Después de la siesta empezaban los preparativos, el mantel con Papá Noel, el vestido que estrenaba y todos listos para la llegada del fotógrafo, un rato antes que mis amiguitos y amiguitas. Posábamos solemnes, se soplaban las velitas, y después todo era juego en el patio. A eso de las ocho, los invitados se iban, a festejar con sus familias, lo que sentía que era una gran injusticia, pero compensaba que llegaran mis primos a cenar con nosotros. La mesa se servía en el patio, y era infaltable que al rato chispeara, como llamábamos a las primeras gotas, entonces nos trasladámos medio frustrados bajo techo, pero no duraba mucho. Las doce llegaban rápido y entonces me sentía una cenicienta cuando terminaba el baile, ya que el año nuevo eclipsaba todo. Pero era por poco rato, porque entonces salíamos a la vereda a saludar a los vecinos y era noche de acostarse tarde. Mi nuevo año coincidía con el del almanaque: nada me hacía más feliz que eso.

¡Feliz año nuevo! para todxs, son tiempos difíciles, pero donde estemos, con quien estemos, solos o acompañdxs, que tengamos paz en el corazón.

 Interpretamos el mundo que ven los demás desde nuestra realidad psíquica. Pero no sabemos cuáles son las vivencias, las historias, los secr...