Ese mediodía fue distinto. Sentada en una de las callecitas de la plaza, con la tibieza del sol en mi espalda, niños y pájaros, perros y paseantes y las hojas de otoño en su incesante planear, se integraban en un escenario cósmico en un instante sin tiempo, como hacía tiempo no vivía.
sábado, 23 de abril de 2022
sábado, 16 de abril de 2022
Mirando al norte, desde el piso once, se ven los aviones despegando hacia los cuatro puntos cardinales. Pucará urbano de colores sepias y rojizos que invita a perderse contemplando el cielo infinito. La calma que siempre nos trajo el paisaje, fue un día sobresaltada por una mancha fucsia. Unos lejanos vecinos habían decidido instalar un estridente toldo en su balcón. Imposible no verlo, atraía nuestra mirada como un imán, con su chillona estridencia. Planeamos entonces averiguar la dirección del edificio y presentarnos como representantes de diseño urbano, para obligarlos a retirarlo inmediatamente, bajo amenazas de ser multados. Pero no llegamos a tanto. El sol de los atardeceres se dedicó con paciencia a desgastarlo, como había hecho con el resto de los toldos vecinos, y nuestra mirada fue integrándolo amorosamente. Sólo era cuestión de esperar que sucediera.
domingo, 10 de abril de 2022
sábado, 2 de abril de 2022
domingo, 27 de febrero de 2022
jueves, 24 de febrero de 2022
Sabemos que hoy es un día triste, una nueva guerra empieza, y nos deja desolados.
Tal vez por eso, quiero compartirles unas imágenes de paz que tuve en estos días.
Sentada en la plaza, veo venir a dos adolescentes. De andar suave, de la misma edad, vestidos de gris, de negro, de blanco, cada uno lleva entre sus brazos una almohada. De buena calidad y envuelta en una bolsa, todo indica que es recién comprada. La sensación de paz con la que caminan es la de los que tienen la seguridad (al menos provisoria), de quienes saben adónde van y están felices con eso. Uno de ellos se abraza a la suya como si fuera un viejo muñeco de paño de su reciente infancia. A dónde van es un misterio. Aunque puedo presentir que esas almohadas son una suerte de puente hacia un mundo de mayor libertad. Se pierden de a poco en la plaza, mientras los sigo con la mirada y comienzo a escribir estas líneas.
viernes, 31 de diciembre de 2021
El día de mi cumpleaños siempre fue mágico. Cuando comenzaba cada hora, en la radio sonaban las campanas avisando en qué lugar del mundo empezaba el año nuevo. Después de la siesta empezaban los preparativos, el mantel con Papá Noel, el vestido que estrenaba y todos listos para la llegada del fotógrafo, un rato antes que mis amiguitos y amiguitas. Posábamos solemnes, se soplaban las velitas, y después todo era juego en el patio. A eso de las ocho, los invitados se iban, a festejar con sus familias, lo que sentía que era una gran injusticia, pero compensaba que llegaran mis primos a cenar con nosotros. La mesa se servía en el patio, y era infaltable que al rato chispeara, como llamábamos a las primeras gotas, entonces nos trasladámos medio frustrados bajo techo, pero no duraba mucho. Las doce llegaban rápido y entonces me sentía una cenicienta cuando terminaba el baile, ya que el año nuevo eclipsaba todo. Pero era por poco rato, porque entonces salíamos a la vereda a saludar a los vecinos y era noche de acostarse tarde. Mi nuevo año coincidía con el del almanaque: nada me hacía más feliz que eso.
¡Feliz año nuevo! para todxs, son tiempos difíciles, pero donde estemos, con quien estemos, solos o acompañdxs, que tengamos paz en el corazón.
Interpretamos el mundo que ven los demás desde nuestra realidad psíquica. Pero no sabemos cuáles son las vivencias, las historias, los secr...
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No recuerdo cómo fue que la Encíclica Rerum Novarum llegó a mis manos a fines de los 80, la leía con una mezcla de ilusión y respeto, el mis...
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Quiero reflexionar sobre lo que significa la expresión para mí, tanto en la escritura como en el dibujo o la pintura. No elijo desde la con...