Uno puede ser un lugar para el otro, un sitio adonde estar. En un hipotético mundo vacío, un otro es un lugar disponible para habitar, aunque sea por un rato, y viceversa. Una casa que se levanta en medio de la nada, mediante un pacto. Desde la soledad que nos constituye, un otro nos permite de a ratos olvidarla. Estar en el otro es otro modo de estar en la vida. Con sus alternancias. El silencio al que volvemos como lo hace la música en la melodía para diferenciarnos, es absolutamente necesario. Estamos en el otro porque y solo porque podemos estar en nosotros mismos al mismo tiempo. Si no, el otro nos aliena, nos consume. Estar en la vida y estar en el otro sucede a veces, el respeto a la intimidad lo hace posible y hace posible la convivencia.
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