domingo, 20 de septiembre de 2026

 Mi abuelo materno era socialista, "Jesucristo fue el primer socialista", me decía, con una sonrisa seria cuando recibía "La Vanguardia". Mi abuela paterna era descendiente de pueblos originarios y silenciosa como ellos. De mi abuelo paterno, el Azpilicueta navarro, me llega un legado de tradiciones católicas que si bien no practicaba, en algún rincón del ADN traía y se remontaba hasta el jesuita San Francisco Javier. De mi abuela materna, la que partió más pronto, me queda el color del pelo y la costumbre de cantar cada tanto, cuando nadie me escucha. De esa mezcla vengo, de una biblioteca materna y de ese aire despreocupado paterno de ir silbando bajito, de un lado al otro. Él miraba al patio del fondo como si fuera el horizonte mientras tomaba mate, como yo miro desde la ventana a los edificios, confundiéndolos con el mar. Dejo pasar el tiempo y mis pies juegan a atravesar los once pisos que me separan de la tierra de donde vengo. Una golondrina canta cerca de mi ventana y me recuerda que llega la primavera.

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