En disciplinas orientales, como el Tai Chi, se trabaja con algunos ejercicios en la alternancia del suspender y el sedimentar. Incluso existe la hermosa postura del extremo vacío, algo difícil de percibir si uno/a no tiene alguien formado/a que se lo transmita en persona. Algo de eso queda en mi cosmovisión y trato de trabajarlo desde hace tiempo: la alternancia entre la acción y la calma, entre el movimiento y la serenidad, ambos necesarios y complementarios. En tiempos de aceleración y distracciones continuas, ser conscientes de esto creo que puede ayudarnos a encontrar un centro y a no quedar atrapados/as en ninguno de los dos extremos. Es peligroso tanto el agotarse en la acción como el paralizarse en su contrario, la inmovilidad, que puede llevarnos a la depresión. La ansiedad y la depresión son las dos caras de la misma moneda, la incapacidad de conectarnos y estar en paz. Creo que entrenar entre estos dos estados, movernos, suspender, pero periódicamente sentarnos a respirar, a no hacer nada, a contemplar, a sedimentar como dice el Tai Chi, puede hacernos mucho bien.
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