domingo, 2 de octubre de 2011

De espaldas a la vida

Volvía en colectivo de los bosques de Palermo, viendo cómo se transformaban con las cuadras los barrios y la gente. Los deportistas eran reemplazados por gente bien vestida en los cafés, los barrios más exclusivos se convertían en populares, y así todo se iba mezclando. Hasta que me llamó la atención la actitud de una mujer, sentada en la vereda de un café. Con mucha ropa encima, el cuerpo encogido, y sentada de espaldas a la circulación del resto de la gente. De espaldas a la vida.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Escena con muletas

Una vez más, escena en el colectivo. Un chico, de veintipico sentado en el primer asiento, con cara seria y llevando un par de muletas. A su lado, una chica, de la misma edad, con sonrisa de oreja a oreja, lo abraza, lo besa, trata de hacerlo sonreir, al menos. Pienso para mí: es obvio, está tratando de consolarlo. Bajan del colectivo. Ella se calza las muletas con dificultad y los dos se van caminando

sábado, 10 de septiembre de 2011

Magma interno

Dentro nuestro hay un magma ígneo en ebullición que se revela en nuestros sueños, que desplaza masas tectónicas internas. Más vale reconocerlo y respetarlo.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Reflexionar sobre ciencia

Estuve leyendo un libro de botánica, de principios del siglo pasado. Me quedé pensando en la forma en que el autor no sólo describía los procesos biológicos, sino que también reflexionaba sobre los mismos, de un modo no exento de belleza. Me producen nostalgia esos viejos textos, en donde un hombre, mitad científico y mitad filósofo, podía observar con una mirada amplia los conocimientos del tema, e intentar integrarlos en un cuerpo orgánico, casi como una planta…Al leerlo, pienso qué lejos que estamos hoy de eso, cuando leemos nuestros papers, plagados de receptores, genes y demás, que parecen haber sido diseñados por quién sabe qué demiurgo, y tener una vida artificial propia, independiente de la nuestra.

sábado, 6 de agosto de 2011

Naturaleza urbana

Sábado al mediodía. Sol. Mucho sol. Veredas del Jardín Botánico de Buenos Aires. Voy distraída caminando y escucho involuntariamente, fragmentos de una conversación al pasar. Provienen de una mujer de unos cincuenta y largos años, rubia, de pelo largo, con jeans, botas, lentes oscuros y bastante maquillaje, que va charlando con un hombre. “Y sí, lo enrejaron todo…”. El comentario hace alusión a las rejas que circundan al Jardín, como al resto de las plazas porteñas. Me quedo pensando en que hay un alto grado de similitud, de correspondencia, entre la naturaleza enrejada en el Jardín Botánico, y la naturaleza enrejada en el cuerpo de la mujer, aprisionada en todas esas vestimentas y aditamentos de la cultura, que la separan de su ser natural.

 Interpretamos el mundo que ven los demás desde nuestra realidad psíquica. Pero no sabemos cuáles son las vivencias, las historias, los secr...