viernes, 8 de junio de 2018


Había un patio con muchas flores. Me encantaba mirarlas, verlas florecer, saber sus nombres. Y escribía un montón de historias con ellas, a cada una las identificaba con una personalidad distinta. Era muy divertido. Lo que daría por encontrar ese cuaderno de mis ocho años, que cuidaba mi abuelo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

 Una vez me dijeron que algunos indios decían que cuando uno viajaba, llegaba primero el cuerpo, pero el alma lo hacía unos días después.  Y...