domingo, 13 de mayo de 2018

En esos veranos

Las ranas cantaban cerca del árbol, fantasma y lunar. Dormíamos bajo el techo de lona y al clarear el alba, las aves nos traían el café en jarrito. El sol crecía hasta la sierra y su ventana, esa que vimos siempre desde lejos. Nunca subimos sus senderos de pinos por aquél miedo de no regresar. Los hombres se extraviaban en ramas incendiarias, como nos pasó tantas veces después.

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 Año a año, cuando llega el 21 de junio y charlo con mi mamá, por teléfono en general, me dice: a partir de ahora cada día es un poquito más...