sábado, 20 de noviembre de 2010
El desconsuelo de la soledad
Estamos solos aunque estemos acompañados. Siempre estamos solos, me dicen en consuelo, aquéllos que ahora están realmente acompañados, pero decirle eso a la persona que padece la experiencia de la soledad en ese momento es tan inútil como hablarle del agua a un cactus. Los cactus almacenan agua, las personas almacenamos recuerdos, imágenes, palabras, melodías que nos torturan en las noches de soledad. A veces, por esas inexplicables y maravillosas alquimias, se vislumbra un éxtasis sublime al evocar algo, sabiamente convocado por la melodía apropiada, un estado de ánimo, un perfume, una luminosidad del atardecer, pero la noche puede ser traicionera, y a veces, sólo queda dormir una vez más con los dientes apretados.
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