viernes, 25 de enero de 2019


Caminaba desde Plaza Once hasta mi casa. Son unas siete cuadras. En vacaciones, se puede ir lento y abrir la mirada a la ciudad,sin ser devorado por ella. Pensaba en que por suerte, en días así, puedo evocar mi mirada pueblerina y sentirme una recién llegada a Buenos Aires. Detenerme en los detalles más pequeños, en los rostros, los cuerpos, los pasos, las vidrieras, los árboles y recorrer ese pequeño trayecto como si fuera atravesando la vía láctea. Con el mismo asombro y la misma ingenuidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

 Una vez me dijeron que algunos indios decían que cuando uno viajaba, llegaba primero el cuerpo, pero el alma lo hacía unos días después.  Y...