Los psicoanalistas discuten con los neurocientistas, mientras tanto, la inteligencia, el reverso de la sensibilidad, y el amor se expresan barriendo fronteras, las palabras se convierten en impulsos nerviosos que controlan moléculas y viceversa, la Mente del Principiante se conecta con la Mente del Todo y espera una respuesta que la pretenciosa Ciencia aún no develó, que se le escapa, escurridiza.
miércoles, 29 de mayo de 2024
Debe haber un lugar, un punto en el cual, cuando el Universo se reabsorba en la Nada, de esa misma Nada pueda encontrar otro punto, otro sitio en el espacio minúsculamente infinito, desde el cual pueda expandirse de nuevo, quiero creer que el Universo puede nacer de nuevo con otras coordenadas, en donde estalle sin contradicciones y en donde otra vez la Vida encuentre senderos que recorrer, en donde solo nos aburramos de tantos días soleados, y que cada tanto la lluvia nos lave los restos de culpa que una vez tuvimos.
Un espacio sin palabras en donde permanecer, una cualidad del silencio desconocida, un punto que se hace infinito en donde sumergirse para fundirse en el Todo, para darnos cuenta que somos ese punto en donde el Todo existe y nos contiene, partículas de palabras que se disuelven y desorganizan para formar una sola, que con solo decirla, el Mundo renazca y el Caos se transforme en Cosmos.
Palabras en silencio frente al Amor que no logran explicar, un baldío sin palabras que nos anuda la garganta frente a la impotencia y el abandono, cataratas de palabras de enojo que se estrellan en la piedra y se transforman en cauce, en un río de palabras mansas que intentan abrazarte y solo lo logran cuando desaparecen, cuando por fin se funden en el Mar.
Palabras con las que deshabitamos espacios que nos resultan ajenos y van quedando atrás, palabras que curan, como las del mago, abrazan, hay un almacén de palabras desconocidas esperando que las hagamos propias, para que nuevas estructuras de palabras se transformen en carne, en piel y hueso, en donde lo posible se realice.
Esa ciudad que habitamos, construída con palabras, las calles pobladas de historias sobre lo que hicimos y quiénes somos, la basura que guardamos porque no nos animamos a tirar, y el rincón de los recuerdos, al lado del de los sueños sin cumplir, que nunca abandonamos y al que solemos volver de madrugada. las palabras que elegimos y nos eligen para tender puentes, palabras con poder para construir o deshacer mundos, palabras que se disuelven en el silencio nocturno, donde nos reinventamos. Silencios que nos ponen frente al espejo para preguntarnos de quién son, de dónde vienen las palabras con las que hablamos, con las que intentamos decir algo que perdure, un eco en el viento que desde lejos alcance a alguien, un viajero desprevenido en la montaña, un animal salvaje que descifre el mensaje.
Hay que inventar un nuevo lenguaje, remendar los desgarros de la trama, inventar otra historia en donde lo humano, eso que nos permitió avanzar como especie, se haga presente.
Hay que inventar un nuevo lenguaje que vuelva a cablear nuestro cerebro, hacer nuevas conexiones, llegar a los archivos secretos de la memoria, en donde guardamos la mezcla de intentos y sueños frustrados, para darles vida, encender una vela en la cueva oscura y hablar con los dioses de nuestro Parnaso.
Abrazar a los sobrevivientes del naufragio, para darles un nuevo hogar en tierra firme.
martes, 28 de mayo de 2024
Es tiempo de tender redes, puentes, de crear estructuras, aunque sean mínimas. Como esos castillitos de naipes que hacíamos solo con dos cartas que se sostenían una a la otra, y así seguíamos construyendo torres y ciudades. Cada cual sabrá en qué lugar puede hacerlo, con quién o con quiénes. Poder creer en aquello que nos hace humanos/as, que sigue existiendo, que nos da sentido, tener un sueño, un deseo que sea posible, que no nos lo puedan arrebatar así de fácil. La mano amiga, aunque sea una, o dos, que acompañe.
Mis diez líneas de hoy
Extraño esas épocas en que de la nada venían visitas, así, sin avisar, tocaban timbre y aparecían sonrientes detrás de la puerta, preparábamos mate y charlábamos un buen rato, de todo un poco.
Que no escriba sobre política no significa que esté al margen de lo que pasa. Todo es demasiado doloroso. La escritura es un refugio amable en estos tiempos.
Pero a veces hay pocas palabras, hay que inventarlas entonces. Habrá que inventar un nuevo lenguaje que nos represente, una forma de abrazarnos más allá de las grietas.
lunes, 27 de mayo de 2024
domingo, 26 de mayo de 2024
Mi potus se estaba ahogando. Vivimos juntos desde hace casi veinte años. Cuando llegué a la casa en donde él ya estaba, vivía en el agua. Esa casa se fue haciendo mía y lo planté en la tierra, en su maceta blanca. Custodiaba mi cama, trepando por la pared sobre mi cabecera. Regaló gajos y tuvo hijos. Cuando me mudé, quedó como guardián y recibió a los visitantes. Hace unos años, volvió a vivir conmigo. En la nueva casa le tocó un lugar un poco más oscuro, lejos de la ventana. Por él la abrí cada mañana, para que siguiera absorbiendo los rayos de luz. Mi potus acompañó siempre mis sentimientos, él sintió siempre conmigo, y cuando estuve triste, siempre alguna que otra hoja amarilla apareció. Este último tiempo fue difícil. Y también para él. Día a día veía cómo aparecían hojas amarillas, que yo iba desprendiendo, preocupada. El peso que siempre supo sostener con gracia, lo sobrepasaba. Hace una semanas lo podé un poco, pero no hubo caso. Hoy a la mañana no aguanté más, bajé la maceta y la di vuelta, sosteniéndolo entre mis manos, para darme cuenta que se estaba ahogando. Esos días tan húmedos habían hecho estragos, y en mi desatenta oscuridad lo seguí regando, pero él no pudo más. Con decisión entonces, empuñé las tijeras y corté las raíces. Es tal su nobleza que prometió volver. Resistió el trasplante, el cambio de tierra. Un poco despelechado luce en su maceta de siempre, con escasas hojas, él, que era la envidia de las otras plantas. Suspira aliviado, libre de ese peso, respira de nuevo esperando al sol. Sus hijos tendrán un destino de suelo, junto al edificio, en donde harán amistades con pájaros y mariposas. La vida perdura, murmura bajito, lo susurra al paso, en cada ocasión.
A mi bisabuela Anita
Una siesta de verano, en ese lapso de semi-lucidez que tenemos cuando no estamos ni dormidos ni despiertos, vi claramente en el entrecejo, el rostro lleno de surcos de una mujer anciana. De piel oscura, con rostro de pájaro y mirada de profunda tristeza en los ojos negrísimos. Un pañuelo de viuda atado en la nuca y un reproche mudo por haber olvidado su nombre y la huella de su sangre en la mía. No conozco casi nada de ella, solo tengo algunas fotos en donde ríe, junto a su esposo y su hija, mi abuela Esperanza. Tal vez, haya elegido ese nombre para convocarnos a no olvidarla, a conservar la memoria que, aunque se haya silenciado, perdura en esos lugares íntimos a donde vamos en sueños y nos es revelada nuestra identidad. Su reflejo nos espera en penumbras y se esfuma cuando nos acercamos demasiado, pero en el olor a leña de los eucaliptos, aparece de tanto en tanto y sin saber por qué, nos hace conmover.
Mis diez líneas de hoy:
Dicen que me parezco a mi abuela Clorinda, cuando ella murió, tenía menos edad de la que tengo yo ahora. La veo en las fotos, con sus batones y su pelo castaño arreglado en la peluquería. Pero juego a imaginar que lo lleva suelto y largo, o atado con una colita, con jeans, una camisola hindú y zapatillas, como uso yo. Escuchando James Taylor, en lugar de Libertad Lamarque, y cantando a dúo conmigo, como dicen que tanto le gustaba. Si las líneas del tiempo pueden cruzarse, en algún lugar del espacio, en una calle arbolada, camino del brazo con mi abuela, charlando de nuestras cosas.
jueves, 23 de mayo de 2024
-la foto es del porch de la casa de mi infancia, en donde siguen creciendo una y otra vez, las enredaderas que plantó mi abuelo.
martes, 21 de mayo de 2024
Hacía días que no salía a la calle y hoy cuando lo hice, sentí como si estuviera frente a una persona que hacía tiempo no veía y había envejecido. Los árboles se veían casi ancianos, con colgajos de hojas, alfombras ocres pisoteadas al descuido, una atmósfera grisácea, el aire espeso como si una lluvia de lágrimas no se animara a caer. El invierno estaba llegando y yo no me había dado cuenta.
lunes, 20 de mayo de 2024
Como los sueños siguen siendo insólitos, los sigo registrando. Anoche soñaba que estaba en una clase de trabajo corporal con Susana Kesselman y el ejercicio que ella proponía era colocarse en cuadrupedia, elevar una pierna flexionada y con el pie sostener un pan de manteca. Yo miraba con frustración como todas las mujeres lo hacían, mientras yo intentaba contorsiones sin lograrlo.
sábado, 18 de mayo de 2024
Este pequeño texto, es en homenaje a Luis Gruss, mi maestro de escritura, quien siempre nos decía que teníamos que escribir al menos diez líneas cada día. Y es el relato de mi sueño de anoche.
Vera Spinetta, la hija menor del Flaco, era mi compañera del secundario. Ella iba al Colegio rodeada de una caja de cartón, alrededor del torso, desde donde sacaba sus brazos. La caja era bastante amplia, y del lado de adentro, Vera había pegado recortes de diarios con fotos, dibujos, letras de canciones, poemas, todo en una especie de collage de cuarto de adolescente portátil. Pensándolo bien, era como si ella estuviera allí protegida, en su pequeño mundo que había inventado y en donde era feliz. Claro, me decía yo para mí misma, Vera puede hacer eso porque es la hija de Spinetta, si lo hiciera yo todo el mundo diría que estoy loca. Me daba un poco de penita y envidia, y la miraba brillar muy alegre y suelta en su sencilla caja.
Hace dos noches, a eso de las 00:00- 00:30, me asomé a la ventana y vi una luminosidad rara en el cielo, era de color anaranjado claro, me llamó la atención, tal es así que le dije a Rafael: "alguien va a tener que explicarme qué es esa luz anaranjada en el cielo". Ahora me entero del fenómeno de auroras boreales, que incluso se vieron en Chascomús, habrán llegado a Almagro?
viernes, 10 de mayo de 2024
No es gratuita toda la violencia que el sistema ejerce sobre nosotros/as. Pareciera que la sociedad va implosionando en una lucha de todos/as contra todos/as, y de pobres contra pobres, lamentablemente, sin darse cuenta de donde viene la verdadera explotación. Sistema perverso que hace olvidar que el hombre pudo evolucionar gracias al desarrollo comunitario y a la creación de redes, redes que se destruyen cuando se destruye el tejido social del que todos/as somos parte, mientras nos quieren convencer de que no triunfa el que no quiere, y no se esfuerza los suficiente, mientras día a día pisotean nuestras cabezas. Pobres contra pobres, enfrentados por los mendrugos que les dejan. Ojalá queden personas que nos recuerden qué significa ser humanos/as, gente en quien creer, al lado nuestro.
Hay una sombra colectiva en la sociedad, amenazante. Es esa sombra, fruto del odio y la desesperación de la gente que siente que no importa...
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Cada tarde, abríamos las ventanas para darle paso al tiempo. La casa tenía el rumor de los grillos perdidos. A veces, el color era el mismo...
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La luz envejece en la habitación. Y yo, pidiendo una frase, una sola frase que me sirva de escudo entre tanta fiebre. Eso necesito para no ...
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Hasta dónde se expande una sonrisa? Si se pudieran fotografiar las milésimas de segundo durante las que unos labios, unos ojos, los músculos...