Además de capricorniana, según las astrólogas, tengo reminiscencias neptunianas, que me hacen ser bastante despistada, y esta característica también se manifestó desde chica. Cuenta la historia que tenía un lindo ponchito anaranjado con flecos azules, al que amaba con devoción y hete aquí que el mismo se extravió en el ida y vuelta del jardín de infantes. Pasaron los días y no se supo más de él. Pero, también cuenta mi mamá que, una tarde le comento al pasar: ¿sabés que en el perchero del jardín, hay colgado un ponchito igual al mío?, bueno, no hay que decir nada más, como diría también mi progenitora en una de sus metáforas habituales: "si es una víbora te pica".
sábado, 6 de julio de 2024
Debo reconocer que mis características capricornianas se manifestaron desde que era muy chica. Quise ir a primer grado anticipadamente, porque en el jardín de infantes me aburría; entonces con cinco añitos recién cumplidos y escasa estatura, desembarqué en la escuela primaria. Cuenta mi mamá que volví del primer día de clase muy satisfecha y de inmediato le informé a mi hermano que, a partir de ese día, no iba a poder jugar más a la tarde, porque me dedicaría a hacer los deberes. ¡Qué destino!
Yo estuve tras el espejo muchas veces y no es que vi todo, pero vi mucho de lo que hay del otro lado, la miseria y la gloria, el desamor.
Yo estuve tras el espejo, desnuda bajo una lluvia helada y sin que nadie me diera respuestas, ni qué, ni por qué, ni cómo.
De vuelta traje en un bolsillo el nombre de mi abuela y empecé a cavar para hacer cimientos de chozas de juncos, que siempre se volaron.
Yo estuve tras el espejo, la miseria y la gloria, el brillo eterno del instante, el vidrio roto, la imagen quebrada, pulverizada. Por eso, con un pincel intento evocarla para llevarla como amuleto, mandala a descifrar, una y otra vez.
Yo estuve tras el espejo.
Las que luchamos en guerras y traemos muchas cicatrices, literalmente, tenemos la piel marcada por el dolor, la locura y la muerte, las que muchas veces intentamos dar todo y no lo conseguimos, las que estamos sentadas al borde del mundo, mirando desde lejos el combate y, de a ratos, llorando a solas, siempre mantenemos, o tratamos de hacerlo, de conservar aunque sea un pequeño fuego que de abrigo, esperanza, en lo que parece ser oscuridad.
viernes, 5 de julio de 2024
Hace un tiempo trasplanté mis potus. Y allí están, intentando adaptarse a nuevos territorios. Lo notable es que uno de ellos viene más adelantado, consiguió enraizar con más firmeza y el otro lo sigue, más lentamente, pero con entusiasmo. Tanto es así, que en vez de orientarse hacia el sol que viene de la ventana, se orienta hacia su vecino y amigo. Quién sabe qué esencias de vida capta de él, que lo animan a preferirlo a la luz del sol, para tomar fuerzas para vivir. Si me preguntan, diría que hasta las plantas saben lo que es el amor.
Yo estuve tras el espejo, será por eso que no me deslumbran los oropeles,
que escribo poemas en barquitos que libero en el arroyo, sin saber adónde van.
Nada del mundo es real, la materia está casi totalmente vacía,
la mantenemos viva con nuestra conciencia.
Creamos nuestros mundos como podemos, con más o menos suerte,
queremos ser, pese a todo.
miércoles, 3 de julio de 2024
Todo apunta hoy en día a colonizar nuestra propia subjetividad y ese es uno de los peligros más terribles a los que estamos expuestos todo el tiempo, sin darnos cuenta. A través de la circulación de la información en las redes, y también en los medios de comunicación, entre otras cosas, terminamos sin saber quién nos piensa, de quién son los deseos que creemos tener, y que solo sirven para reproducir un sistema que nos enajena, que nos aleja de nuestra esencia de humanos/as, que pudimos sobrevivir en comunidad durante milenios sosteniéndonos unos a otros. En una comunidad organizada, de la que nos sentíamos parte. Nadie se realiza en una comunidad que no se realiza. El dolor ante el sufrimiento del otro/a es permanente, aunque nos hagamos los distraídos/as y finjamos demencia. Cada cual sabrá cómo aliviarlo, inventando sus propios antídotos. Desde las calles, los lugares de trabajo, las aulas, seguimos cultivando nuestros pequeños espacios de resistencia, de creación, en el mejor de los casos compartida, seguimos sembrando pequeños intentos de abrir nuevos espacios, de comunión, desde nuestros micro-lugares. Tal vez así, desde estos pequeños lugares, podamos sostenernos de nuevo unos a otros, para reavivar la esperanza y volver a creer en que un mundo más humano y por lo tanto, solidario, es posible.
A veces vivimos en un estado de confusión constante, sin brújula, lejos de nuestro centro, de nuestro eje, de todo lo que podríamos ser, si nos diéramos la posibilidad.
Creo que una buena manera de empezar es tratar de hacer vacío, despojarnos, descubrir qué tenemos para hacer, para decir, que sea verdaderamente nuestro, despegándonos de otras voces, otros mandatos, más o menos sutiles o más o menos encubiertos.
No hablo de hacer grandes cosas. Ser lo que podemos ser, descubrirlo cada día.
Dejarnos ser, libres.
Hay una sombra colectiva en la sociedad, amenazante. Es esa sombra, fruto del odio y la desesperación de la gente que siente que no importa...
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