lunes, 25 de marzo de 2019
Hubo una vez una fiesta que duró tres días. Durante ellos se apilaron en la mesa de comedor de mi casa, los platitos y tacitas de té con las azucareras, cucharitas y toda la pequeña vajilla que tenía.Nunca supe explicarme cómo fue que mi madre permitió todo ese desorden multicolor. Pocos de mis recuerdos son tan felizmente confusos. Debía tener cuatro años y alguna pequeña tristeza rondando que lo justificara.
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No recuerdo cómo fue que la Encíclica Rerum Novarum llegó a mis manos a fines de los 80, la leía con una mezcla de ilusión y respeto, el mis...
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La pintura, el dibujo, son profundos, oscuros, la palabra es la soga que me ayuda a emerger de las profundidades para poner claridad, aire,...
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